Antofagasta y la ordenanza maldita

Antofagasta y la ordenanza maldita

Dile al tonto que tiene fuerza y el tonto tira. Es la única explicación que hay para intentar comprender el (des)criterio de los concejales de Antofagasta que aprobaron una ordenanza que multa con hasta 233.500 pesos a limpiaparabrisas, personas en situación de calle y el comercio ambulante, entre otros casos de necesidad y pobreza.

Cuesta analizar en serio una medida que solo busca proyectar una “sensación de preocupación” por el tema, optando nuevamente por las “señales” que generaran minutos de televisión por sobre la sensatez de las medidas. Pero, con el apoyo de la mayoría de los concejales, llegaron a un límite donde la estupidez se convirtió en ordenanza.

Y es en este punto donde el principal peligro para nuestra comuna está al interior del concejo municipal que optó por el camino estéril, simplista e inaudito de atropellar la dignidad de quienes encontraron en la calle la única opción de alimentar a sus familias.

Fue aquí donde la municipalidad prefirió criminalizar -a raíz de un lamentable homicidio- a todo quien ejerza actividades económicas informales. Ese fue el camino. Generalización tan absurda como decir que producto de hechos de corrupción en otras comunas del país, los concejales de Antofagasta y su alcaldesa también son corruptos. Pues guste o no, al caer en las generalidades uno perfectamente podría pensar lo peor.

Pero ese camino no nos lleva a ningún lado. Si la idea es enfrentar el tema en serio (camino abandonado en este caso) este se hace desde la comprensión del problema en su profundidad con factores como el impacto de la droga, el alcoholismo y la falta de oportunidades.

¿Cuántas mesas de trabajo se sostuvieron con organismos y ONGs que llevan años trabajando con personas en situación de calles antes de tomar tan absurda medida? Ninguna. ¿Por qué? Porque los tiempos de las redes sociales y la televisión son más rápidos que la templanza necesaria para enfrentar temas complejos.

¿Hay quienes aplaudirán la medida? Sí, claro. Pero detenerse en explicarles el error de su postura puede ser tan o más estéril que la ordenanza en sí.

La única ventaja es la inaplicabilidad de esta medida. Pero, de igual manera, se buscará generar el hito comunicacional del primer caso con cámaras de televisión para “dar la señal” de mano dura. Mismo momento donde nos ganaremos la vergüenza nacional gracias a una alcaldesa que le dijo a los concejales que tiraran, pues tenían fuerza.

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