¿Estamos todos locos en Antofagasta?

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Está siendo recurrente escuchar lo mal que estamos en esta ciudad, que necesitamos más recursos, que nuestra calidad de vida cada vez es más mala, pésima educación, problemas con la salud, tacos, hoyos, viviendas de mala calidad, migración y delincuencia desatada, narcotráfico descontrolado, contaminación por doquier, falta de cultura y podría quizás llenar páginas de problemas, que determinan que vivir en esta ciudad es la peor decisión que se puede tomar en la vida.

A raíz de este negro panorama, no me cabe más que pensar que las personas que vivimos en Antofagasta somos todos unos locos y deberíamos ser declarados por la justicia como interdictos por demencia, no hay otra explicación para seguir viviendo aquí y que además haya gente que quiera venirse a vivir a nuestra ciudad, ellos sí que están locos, viven en el paraíso y se vienen a este lugar, lo más parecido al infierno.

Efectivamente quizás no seamos la mejor ciudad, pero creo que estamos muy lejos de ser el infierno que nos pretenden hacer creer. Tengo la fortuna de conocer gran parte de nuestro país y si realizamos un análisis objetivo nuestra calidad de vida es muy superior a la inmensa mayoría de otras ciudades. Por supuesto no nos podemos comparar con el paraíso terrenal que es Santiago, donde tienen grandes clínicas, los mejores colegios, casas espectaculares y una movida cultural digna de París y Barcelona.

Aquí es donde me asalta la primera duda: viví en Santiago en mi época universitaria, no existían Escuelas de Derecho en Antofagasta, y hace unos meses atrás trabajar, y llegue a la conclusión que todo eso era cierto, vivir en La Dehesa, Vitacura, Las Condes, Lo Barnechea, Chicureo es realmente un paraíso hasta ir al estadio es una experiencia, se vive en familia, niños que corren por la galería, venden sándwich jamón queso envueltos en papel alusa foil con certificación del Servicio de Salud, los guardias te saludan, los cuidadores de autos todos uniformados.

A propósito de un clásico fui a otro Estadio al que llaman “La Ruca”, y para mi sorpresa  no estaban los niños corriendo por la galería, tampoco habían familias y el sándwich jamón queso se trasformó en uno que le llamaban de potito. Al terminar el partido no pude salir de inmediato como en el otro estadio, entremedio de Porche, Audi, Lexus etc., porque estaban jugando los hinchas con los Carabineros y corrían de un lado para otro.

Producto de las elecciones presidenciales me tocó hacer el trabajo propio de las campañas en otras comunas de la capital, y para mi sorpresa no habían grandes clínicas, ni menos colegios espectaculares, las casas eran de otro tipo, en las ferias no tenían Coca Cola Light, sino unas bebidas de marcas que no conocía, advirtiéndome que si se caía a la ropa no salía la mancha.

Pasaron fin de semana tras otros y fui conociendo otras comunas y todas iguales, en algunas debíamos hacer el trabajo rápido porque a cierta hora nos teníamos que ir según señala Carabineros.

Al escuchar ahora lo mal que estamos y como añoramos ir al paraíso terrenal llamado Santiago, me asalta una duda ¿A cuál? al del 1 o 2% de la población que va al Estadio donde no se dicen malas palabras o al otro el del 98% donde hay hospitales colapsado, hoyos en las calles, el que en invierno cuando llueve, se inundan sus casas y calles y si no llueve se vive con pre emergencias o emergencias ambientales y los niños no puede hacer educación física, el que aparece todos los días en las noticias por muertes producto de balaceras entre banda.

Estoy consciente que nos falta mucho, y que puedo tener un cierto grado de locura, pero me gusta mi ciudad, en la que nos dicen que nos estamos todos muriendo (aunque me encuentro en la calle a menudo con muchos adultos mayores, pero bueno), donde las personas van a almorzar a sus casas, en la tarde noche muchos salen a correr o andar en bicicleta por la costanera norte y sur, donde tenemos espectáculos culturales la mayoría gratuitos y de nivel internacional, ferias científicas, ferias literarias, etc.

Connotadas personas se han hecho la pregunta de porqué Chile no nos tiene cariño y la respuesta es fácil, alguien en su sano juicio le puede tener cariño a un lugar donde las mismas personas que viven no se lo tienen, donde personas que están hace más de 20 0 30 años y dicen que son de otro lugar.

La primera transformación para ser de Antofagasta el lugar en el que todos soñamos vivir, es cambiar nuestra manera de mirar y querer a nuestra ciudad, trabajar por ella pero positivamente y no mirar con ojos lánguidos ese paraíso terrenal llamado Santiago, pero ojo, el Santiago de la cota mil.

 

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