El hijo no reconocido de la política: “A este Waldo no lo cargo yo”

Cada vez que uno de nosotros sacaba buena nota en el colegio nuestra madre corría la voz entre los vecinos exclamando con orgullo: “Ese es mi hijo”. Entendiendo que la política opera de la misma forma que una familia, podríamos decir que – bajo esa analogía – Waldo Mora fue producto de fecundación in vitro. Al menos eso es lo que muchos políticos locales quieren hacer pensar. El motivo, uno solo, la vergüenza y los costos de imagen pública que tendría hacerse cargo del “gorrión de Tocopilla”.

Cuando asume el ex demócrata cristiano la intendencia regional, esta fue con un solo fin, potenciar a quien era la única carta de la alianza para obtener un escaño parlamentario en la provincia de Antofagasta, Paulina Núñez. Los costos de repatriar a Mora en la escena pública eran conocidos por la cúpula de Renovación Nacional de Antofagasta (a quienes en la interna política se les atribuye su designación); sin embargo, el fin justificaba los medios.

Fue al poco andar (por no decir a los pocos minutos de asumir) que comenzaron a sumarse las “facturas políticas” de tal decisión. Si fuera por frases desafortunadas de Mora, daría para un libro. Muchas de ellas fueron replicadas en Timeline dentro de la sección de humor pues no encontrábamos otra forma de categorizar sus intervenciones. La última de ellas, las esgrimidas a un medio colombiano justo a un año que asumiera la Intendencia de Antofagasta y donde asoció la prostitución y las enfermedades de transmisión sexual con la llegada de mujeres de tierras cafeteras.

Pero esta editorial no es contra estas últimas declaraciones, las cuales rechazamos por ser falsas, carecer de sustento empírico y no hacer otra cosa que promover el odio contra una nacionalidad en particular. No, esta editorial va dedicada a aquellos “padres” que permitieron que “morita” desordenara el curso y que, además, movieron todos los hilos posibles para que lo presidiera.

No buscamos dilucidar si primero fue el huevo o la gallina, lo que sí sabemos es que hubo un huevo y una gallina; solo que aquí la gallina desapareció de la faz de la tierra. En política existe un bien que se ha perdido, y eso es la coherencia. Hay quienes están en las sombras y han permanecido así durante mucho tiempo ocultos por la vergüenza que les provoca su “hijo”.

Esta editorial es para que esos “padres” se paren en el salón y asuman los errores de “morita”, cueste lo que cueste. Pero claro, para eso falta mucho pues, pese a las notificaciones que se han mandado del colegio, no han asistido a ninguna de las reuniones de curso.

 

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