Antofagasta ¿Una Ciudad Gris?

De un tiempo a esta parte, Antofagasta respira un ambiente gris. Una especie de “cortina de mala vibra” cubre las calles, los locales comerciales, la locomoción colectiva y hasta nuestro incipiente “ciberespacio” donde abundan comentarios chaqueteros, críticas al por mayor o lo llamados “troleos”.

¿En qué momento nos convertimos en esa ciudad “mala onda”? La agresividad abunda, es cosa de darse una vuelta por Antofagasta en las horas punta, para ver conductores furiosos manejando todo tipo de vehículos en nuestras colapsadas arterias, o intentando encontrar un espacio donde estacionar. Ahí vemos la primera pérdida al respeto urbano: autos estacionados sobre las veredas o en espacios explícitamente prohibidos y donde no parece importar nada. (#mandrilesalvolante).

El desarrollo minero y el apogeo del cobre, hizo que Antofagasta recibiera ciudadanos foráneos no solo de otras regiones del país, si no que también de otras latitudes del mundo. En 2013, se formó el “bullado” movimiento en contra de los extranjeros (ok, eran 50 personas) que nos dejó como aquella ciudad que no recibe con los brazos abiertos a sus visitantes ni a sus nuevos habitantes.

Estábamos preocupados de eso, cuando una estructura de color azul se comenzó a levantar en nuestro borde costero. Se construyó tan silenciosamente, que solo por una denuncia del arquitecto Emile Ugarte, quedó al descubierto un proyecto minero que pondría en la mesa el problema de la gestión medio ambiental de nuestra región. Los movimientos “No al Galpón” o “#EstePolvoteMata” se articularon a través de internet, y vimos a parlamentarios, alcaldes, concejales, médicos y muy pocos ciudadanos a pie, marchando en contra la construcción de este proyecto que almacenará concentrado de cobre producido por la Minera Sierra Gorda SCM. Este movimiento deja explícita la polarización que existe en nuestra ciudad de quienes apoyan la causa medio ambiental y quienes defienden la actividad minera por sobre cualquier otra cosa. (Antofagastinos vs antofagastinos).

Para darle más ambiente gris a todo lo mencionado, el sector norte de Antofagasta sufre con el problema de las quemas ilegales que día tras día llenan de humo las casas colindantes al relleno sanitario de La Chimba, y donde las respuestas de la autoridad no han sido tan rápidas como esperan los afectados y muchos habitantes de ese sector de la ciudad se sienten postergados como si no fueran habitantes de Antofagasta.

Llamados a marchas y campañas digitales abundan en las redes sociales, sin embargo, el manto de desconfianza en nuestras autoridades y la falta de liderazgos ciudadanos no han permitido concretar movilizaciones que realmente impacten a “los poderosos”. A la desconfianza instalada, hay que sumarle la desidia que se ha ido apoderando de nuestra comunidad, que parece no reaccionar ante todas las situaciones antes enumeradas.

Nos hemos ido contagiando de esta desidia al ver que nada mejora, que galpones, quemas y otras problemáticas que afectan a nuestra ciudad quedan sin solución con un eterno “pimponeo” entre autoridades. Que pese a la seguidilla de marchas, no se consiguió detener un proyecto como el del galpón, y más encima mira con decepción como le cambian las reglas del juego, al trasladar el concentrado en camiones y no en trenes acondicionados como se había estipulado.

¿Cómo salimos de esta nube gris? Seguramente no existe una receta, pero con compromisos claros de nuestras autoridades para hacer bien la pega por nuestra ciudad, nos podemos esperanzar en que las cosas mejorarán, porque si existen estas problemáticas, sin duda es porque alguien no está haciendo bien su trabajo.

Antofagasta es mucho más que repudio a extranjeros, galpones de concentrado, quemas y arriendos caros. Es una ciudad que merece ser valorada como la “Perla del Norte”, pero ese reconocimiento debe partir por casa. Si esto no ocurre, el único polvo gris que nos matará, será el polvo de la indiferencia.

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