Durante su participación en Un Día Menos, Fernando Cortés afirmó que Antofagasta enfrenta un momento histórico desde el punto de vista productivo. “Probablemente estamos frente a un escenario que nunca antes habíamos tenido”, señaló, al comparar el actual ciclo de inversiones con los grandes procesos vividos por la industria minera en décadas anteriores.
Según explicó, la diferencia clave con el pasado es que hoy no se trata únicamente de minería. “Estamos hablando de un superciclo integrado, donde convergen la minería, la energía renovable, el almacenamiento en baterías, los puertos, la desalación y los proveedores”, sostuvo.
En esa línea, destacó las cifras de inversión anunciadas por grandes actores del sector: proyectos de BHP del orden de los US$10 mil millones, Freeport sobre los US$7 mil millones y Codelco con varios miles de millones adicionales. A ello se suman iniciativas energéticas como el proyecto eólico Horizonte, con una inversión cercana a los US$1.000 millones, además del liderazgo regional en generación renovable y sistemas de acumulación energética.
Cortés también subrayó la relevancia estratégica de la alianza entre SQM y Codelco, la que calificó como “una guinda de la torta” que no solo asegura continuidad productiva en litio, sino que también genera un impacto fiscal directo para el país y la región.
Un relato productivo integrado
Uno de los puntos centrales de la conversación fue la capacidad de Antofagasta para articular un relato de desarrollo productivo coherente. A juicio del gerente de la AIA, a diferencia de otras regiones del país, en Antofagasta existe un encadenamiento claro entre industrias tractoras.
“La minería empuja a la energía, la energía empuja a los puertos, los puertos a los servicios, y todo eso impacta incluso en la calidad de vida urbana”, explicó, destacando cambios visibles en el borde costero, la oferta gastronómica y los servicios personales, muy lejos —dijo— de la ciudad de los años 90.
La tensión entre aporte y retorno
No obstante el escenario positivo, Cortés reconoció una tensión persistente en el ánimo regional. Según detalló, la región aporta hoy al Estado una cifra 16 veces superior a lo que recibe en inversión pública, una brecha que —advirtió— alimenta la sensación de postergación.
“Ese sentimiento es legítimo”, afirmó, aunque fue enfático en señalar que la solución no pasa por la queja, sino por la capacidad regional de formular y ejecutar proyectos. “El lenguaje de la inversión es el lenguaje de los proyectos con RS. Sin una cartera sólida, no hay negociación posible con el Ministerio de Hacienda”, remarcó.
En ese contexto, apuntó a las debilidades en la gestión pública, especialmente en áreas como la administración del suelo fiscal. “El 70% del suelo de la región es fiscal y su gestión no está a la altura de los desafíos”, sostuvo, calificando la situación como una de las principales trabas para atraer nuevas inversiones industriales y tecnológicas.
Exponor: crecimiento histórico
Otro de los hitos abordados fue Exponor, que este año alcanzó un récord inédito: la totalidad de sus espacios vendidos con seis meses de anticipación. Ante la alta demanda, la organización decidió ampliar la feria con entre 150 y 200 nuevos stands.
“Es una señal clara del interés global por Antofagasta”, afirmó Cortés, agregando que solo la producción del evento genera un impacto directo cercano a los US$10 millones, sin considerar los negocios asociados ni el efecto en hotelería, comercio y servicios.
Mujer y minería
Finalmente, el gerente de la AIA adelantó detalles de Mujer y Minería 2026, iniciativa que se realizará el 19 de marzo con un seminario y una cena de reconocimiento a mujeres destacadas del sector productivo, académico y empresarial. Además, destacó como hito la incorporación de más de 70 alumnas al Colegio Técnico Industrial Don Bosco de Antofagasta, que este año inició su proceso como establecimiento mixto.
“Todo esto es parte de un desarrollo más equilibrado e inclusivo, que es el desafío que viene”, concluyó.







