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viernes, 20 marzo, 2026
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Son de Antofagasta

La odisea de matrimonio que recuperó vehículo en Bolivia: amenazados en Challapata, operativo con fuerzas especiales y escolta policial para retornar al país

Tras ser víctimas de una estafa y robo a través de una empresa "pantalla" en Antofagasta, Vanessa Olmedo y su esposo rastrearon por GPS su furgón minero en Challapata, poblado conocido por la feria que todos los domingos ofrece vehículos robados en Chile. Primero intentaron encontrar la máquina personalmente, sin embargo, desde el hostal al que llegaron dieron aviso de que había chilenos “buscando algo”. Finalmente, con la ayuda de la fiscalía boliviana y un contingente de operaciones de alto riesgo rescataron el móvil, al que justo habían desconectado el dispositivo de rastreo un día antes del operativo.

Los datos del GPS mostraban que el vehículo que Vanessa Olmedo y su esposo habían arrendado supuestamente a una empresa en Antofagasta ahora estaba a pocas cuadras del primer hostal que encontraron al llegar caminando a Challapata, poblado ubicado unas dos horas al sur de Oruro, en Bolivia. El matrimonio se registró solo con el nombre de Vanessa y, cuando la antofagastina habló por teléfono con su hijo, recién supieron que en ese lugar hay una feria que todos los domingos ofrece móviles robados en Chile y que incluso han baleado a quienes intentaron recuperar su propiedad.

Durante la conversación, el marido de la empresaria salió al pasillo del hostal y al final de una escalera escuchó que los mismos jóvenes que los habían registrado decían, probablemente por teléfono, que había llegado un sujeto que “tenía cara de PDI”. No alcanzaron a estar diez minutos en lugar y decidieron marcharse inmediatamente. Al salir a la calle un auto negro llegó a toda velocidad por la polvorienta calle que da directo a la feria de los domingos y los interceptó. Un sujeto descendió directo hacia ellos para preguntar sin conversación previa “¿qué buscan?”. El mismo individuo prácticamente los echó de la localidad y en ese momento entendieron que el escenario era peligroso y necesitarían ayuda no solo para mantener la esperanza de recuperar el furgón, sino que también para salir con vida de Bolivia.

Vanessa Olmedo es antofagastina y aprovechando la experiencia en logística de su marido, Pedro, hace cinco años levantó una empresa para el transporte de carretera y personal. Comenzaron con un solo vehículo, una van sprinter año 2013 para 19 pasajeros, la que pagaron en cuotas para luego adquirir una segunda máquina modelo 2014. Actualmente, cuentan con una flota de buses, minibuses y furgones, todos del año.

Junto con el transporte de carretera con tractocamiones y de personal para compañías en distintos puntos de la región, la empresa de Olmedo y su marido también arrienda máquinas para contratistas que prestan servicios en operaciones mineras. Este fue el caso de un vehículo Foton FT Crew 2026, un furgón que recientemente había concluido su trabajo en una faena, por ello, cumplía con todo el estándar para esas tareas al poseer pértiga, baliza y GPS para medir la velocidad y la localización.

Estafa y el robo

La semana del pasado 16 de febrero y a través de mensajes de texto, desde una empresa se contactaron directamente con Pedro, a quien preguntaron por el arriendo de una máquina para desempeñar funciones en un salar. La petición incluía la formalidad de la orden de compra y el matrimonio exigió los antecedentes del solicitante y de la licencia del conductor a cargo.

Tras el papeleo, les requirieron la entrega de la máquina para el miércoles 25 de febrero en un estacionamiento ubicado en el sector norte de Antofagasta, en calle Juan Bolívar, al lado de una estación de combustible y a metros de la esquina con Avenida Huamachuco.

“La persona le dijo a mi esposo que mandaría un conductor que recibiría el vehículo, pero él tenía poco tiempo, así que informó que dejaría las llaves ahí para el retiro. Pero cuando Pedro llega a las 16 horas, el conductor ya estaba en el estacionamiento. Mi esposo lo vio y el tipo le dice que se irán a faena en la noche”, relató la empresaria. Posteriormente, el contacto siguió con el intermediario de la empresa, quien le indicó que pagarían la factura el viernes de esa misma semana.

Por asuntos de trabajo el matrimonio viajó hasta La Serena y la mañana del viernes 27 cuando retornaban a la región, Vanessa le señaló a su marido que no se había registrado el pago del arriendo. A penas llegaron a la ciudad le pidió a su hijo de 20 años que revisara el GPS del furgón. Minutos después “mi esposo me dijo ‘Vanessa, tendremos que ir a Bolivia’. No entendí a qué y me respondió que habían sacado la máquina del país y estaba en Oruro”.

Con la misma vestimenta que habían regresado de La Serena fueron a colocar la denuncia en la PDI. Sin embargo, de nada sirvieron los datos del GPS. La explicación de los detectives fue que el furgón ya estaba en otro país y que primero debían informar a la fiscalía para iniciar una investigación. La persona que los había contactado utilizó como pantalla la información de una empresa real para entregar una factura solicitando el servicio y desaparecer con el vehículo. Este fue el mismo método con el que estafaron y robaron a un empresario de Mejillones en el 2022 (La increíble historia del empresario de Mejillones que viajó hasta Bolivia para recuperar el bus que le robaron).

Al dejar la denuncia volvieron a casa para sacar algo de ropa y viajar hasta Oruro con la idea de que al demostrar a la policía boliviana la propiedad del bien no habría dificultades para recuperarlo. El móvil, comprado hace solo unos meses, no estaba asegurado porque la persona que debía inspeccionarlo demoró en finiquitar el trámite. “Si tenía seguro lo dejo y no pasaba nada. Salimos siguiendo el rastro del GPS que indicaba Avenida Salvador Allende, Calama y un paso no habilitado en Ollagüe. Pero en Calama falló el embrague de la camioneta y tuvimos que viajar en furgón hasta la frontera y tomar un bus hasta Oruro”, contó Vanessa.

De Oruro a Challapata: ¿Qué buscan?

Al superar las siete horas que necesitaron para atravesar el control fronterizo boliviano en Abaroa llegaron a medianoche a Oruro y descansaron en una hostal. Con los pocos datos que tenían supieron que los domingos se desarrolla una feria en Challapata, un municipio ubicado unas dos horas al sur de la ciudad donde alojaron. Su población es de unos 30 mil habitantes y su actividad principal está en el sector agropecuario.

“Ese lugar no tiene ley, hace 20 años tienen una feria que resguarda la policía y donde los domingos hay unos 500 autos chilenos robados que muestran sin ninguna vergüenza. En el pueblo viven narcotraficantes armados, porque están cerca de las plantaciones de coca”, expuso Vanessa.

El domingo a mediodía llegaron a la carretera de Challapata y como el pueblo no tiene terminal de buses entraron caminando. Allí fue imposible que escondieran su condición de turistas, primero porque la zona que no posee ningún atractivo que visitar y a eso se suma el inconfundible acento chileno. Pasaron a la primera residencial que vieron para hospedarse.

En la puerta había un citófono con cámara y desde el parlante les señalaron que ingresaran por la escalera que estaba un costado de la estructura. Cuando subieron se encontraron con dos jóvenes que no superaban los 25 años y uno de ellos pregunta “en qué andaban”.

“Venimos de La Paz, andamos conociendo, dije para que no sospecharan nada. Pregunté si arrendaban vehículos para conocer los alrededores y la respuesta fue que en Uyuni podíamos conseguir. ¿Y hoy domingo qué podemos hacer, qué hay de bueno? ‘La feria de los autos chutos, los autos que roban en Chile que acá los vienen a vender’, me respondieron. Y trató de insinuarme que era algo legal, aunque le indiqué que no tenía idea, porque no andaba en eso”, declaró la antofagastina.

En el hostal, que estaba muy cerca de donde aparecía el vehículo en el GPS, solamente se registró Vanessa dejando su cédula de identidad. En la habitación ella le pidió a su esposo que custodiara la puerta desde afuera para asegurarse de que nadie escuchara el llamado por telefónico que tendría con su hijo. En la conversación, el joven narró que había pedido ayuda a su polola, quien conoce unos trabajadores bolivianos en Antofagasta. Uno de ellos le recomendó que evitaran Challapata por su peligrosidad, advirtiendo que si llegaban a reclamar un vehículo serían baleados y que no saldrían con vida.

Lo primero que pensó fue que la recomendación era exagerada, pero su hijo insistió en oír las advertencias. En paralelo, su esposo estaba en el pasillo del hostal y cuando entró a la habitación le informó sobre la conversación. Al salir nuevamente de la pieza Pedro caminó hasta el pasillo por donde habían subido al piso y escuchó una voz. Uno de los dos muchachos que estaba cuando llegaron decía “el tipo es chileno y tiene pinta de ser PDI”. No recuerda si esto se lo dijo a un teléfono o al otro sujeto y el hecho de que no dejara su cédula de identidad al registrarse los puso en alerta.

No alcanzaron a estar más de diez minutos en la habitación y sintieron la necesidad urgente de abandonar el hostal. Tomaron sus pocas cosas y en la recepción comunicaron que se iban. Los muchachos preguntaron por qué y respondieron que desde Chile les habían dicho que el pueblo era peligroso, que había gente armada y que no querían problemas durante sus vacaciones.

“Riendo me dijo ‘por qué la gente dice esas cosas’. Y le respondí que él mismo me había dicho que traían autos robados. Así que le pedí mi cédula, la pieza estaba pagada y eso no me importaba y bajamos rápido. En la primera planta del hostal había un restorán lleno y a puerta cerrada, pero un tipo sale y nos dice ¿qué buscan? Queremos comer, sin embargo, nos dijo que no había comida. En ese momento, desde una esquina que daba hacia la feria aparece muy rápido y levantando tierra un vehículo negro tipo todoterreno. Nos interceptó y bajó un boliviano quien nos dijo ¿qué buscan? Así, de forma directa. Vuelve a hablar y dice ¿qué buscas? Comida, respondí. Mi esposo entendió que esa persona nos estaba dando instrucciones y nos apuntó como diciendo que nos fuéramos hacia el paradero para ir a Oruro”, detalló Vanessa.

En las circunstancias que ocurrió el encuentro ese domingo, reconoció la empresaria, lo más probable es que el tipo fuese llamado por los jóvenes del hostal para evitar que entraran al pueblo. Al salir a la carretera abordaron un furgón a Oruro, se hospedaron en un hotel y pensaron en abandonar Bolivia para no arriesgarse. Al revisar información sobre Challapata en Internet encontraron graves los hechos policiales, un conductor antofagastino que quedó parapléjico tras un disparo en su columna al intentar recuperar un camión y de otros dos chilenos asesinados en un contexto de autos robados.

¿Apagaron el GPS tras hablar con la policía?

Pero entre esa información apareció el nombre de un fiscal que se especializa en la recuperación de autos robados, lo cual vieron como su última esperanza. El lunes en la mañana llegaron temprano a la fiscalía y tras convencer a los funcionarios consiguieron hablar con el persecutor. Le relataron la historia y que tenían la ubicación exacta gracias al GPS.

Llevaron al matrimonio con otro fiscal y al escuchar que el vehículo estaba en Challapata le preguntó por qué no habían recurrido a la policía del poblado. Su respuesta fue que la policía estaba en la misma feria donde ofrecían los autos con patentes chilenas y otros sin placa. “Tiene razón, me dijo, porque esa es zona roja”, advirtió Vanessa.

Al matrimonio le pidieron hacer una denuncia escrita, pero corta y explícita, porque de lo contrario el trámite se extendería demasiado al informar que las llaves habían sido facilitadas, algo que no se consideraría un hecho tan grave allá. Declararon el robo, que fueron hasta Challapata donde hay gente armada y que prácticamente los habían echado del pueblo. Con el documento tramitaron en mediodía una orden por el vehículo secuestrado.

El GPS marcaba que su posición no era fija, a veces dentro de una casa, en otras dando vueltas y también se estacionaba en un sitio. Esto complicaba todo, ya que al estar en propiedad privada se requiere una orden de allanamiento. Esta la consiguieron con un juez y se dirigieron a la oficina de la Dirección Nacional de Prevención e Investigación de Robo de Vehículos (Diprove).

Que el vehículo tenía GPS solo se lo informaron a los fiscales, al juez y una funcionaria por temor a que la información llegara a Challapata y lo desactivaran. En la Diprove se informó el caso a un suboficial de nombre Omar, quien le manifestó que no tenían recursos para ir al poblado y que en ocasiones los GPS eran abandonados. El suboficial le preguntó por las coordenadas, pero ellos negaron tenerlas, explicando que una empresa monitoreaba desde Chile y que a esa hora ya no atendía. El policía insistió en conseguir las coordenadas a primera hora del día siguiente y le dijo si el vehículo que buscaba era el que tenía en su fotografía de WhatsApp.

“Lo más extraño fue que el policía mencionó que ‘ese vehículo lo trajeron con llave’. También insistía mucho en las coordenadas y que al otro día estuviéramos en la mañana en su oficina. A primera hora le digo a mi hijo que monitoree el vehículo y me respondió que habían apagado el GPS. La última conexión fue a las 22.30 horas de la noche anterior y nosotros salimos a las 21.30 de la oficina del policía. Pensé ‘éste (suboficial) dateó y dijo que teníamos GPS’”, confesó la afectada.

Luego de varios días siguiendo el rastro satelital el aparato fue apagado una hora después de hablar con el agente. Con esta molestia acudieron a la fiscalía y contaron lo sucedido tras la reunión con el policía. El fiscal de inmediato ordenó que el suboficial se presentará en su oficina, ya que nadie más sabía del GPS. Al preguntar por el policía supieron que era nuevo en la unidad y que nadie lo conocía.

El fiscal pidió una orden para requisar el teléfono del suboficial y cuando éste llegó una fiscal se le solicitó. El momento fue tenso, una fiscal quitándole un teléfono al policía. Pero, aunque él se defendió, le manifestaron que el GPS se desconectó luego que los chilenos terminaron de hablar con él. La persecutora le ordenó un operativo de inmediato y sostuvo que en caso de no encontrar el vehículo tendrían que detener al dueño de casa.

Sacaron todos los autos, menos el furgón

Por lo ocurrido hubo una junta de los altos mandos de la policía, del coronel de Inteligencia de Oruro y el Ministerio Público. Para el operativo estaban listas las órdenes de allanamiento y 60 deltas, efectivos especializado en operaciones de alto riesgo. En la reunión un coronel que ha recuperado gran cantidad de vehículos chilenos robados en Challapata le aseguró que recuperarían la máquina. Sin embargo, la desconfianza continuaba por la desconexión del GPS luego de hablar con el suboficial.

El operativo fue secreto y debía ser durante la noche por seguridad. Primero salió una avanzada civil junto a Pedro para identificar el vehículo en el último punto que marcó el GPS, una casa donde el furgón estuvo gran parte del tiempo. Una vez que comprobaran su presencia se activaría el operativo, lo cual generó mucha tensión debido al riesgo por el uso de armas de quienes trafican vehículos en esa zona.

Vanessa quedó con nerviosismo en el hotel de Oruro y dos horas después de que salieron su marido le informó el hallazgo del furgón, el que estaba en una casa de dos pisos cuyas plantas tenían una elevación superior a lo acostumbrado en una vivienda. La máquina estaba estacionada en la calle, afuera de un taller eléctrico que correspondía a la casa donde lo ocultaban.

“Mi esposo me dijo que la escalera del segundo piso estaba por fuera y salió una persona que sacó una Durango 2025 color gris mate. En total desde el interior del inmueble varios individuos sacaron cuatro vehículos de alta gama, todos del año y con evidentes señales de ser chilenos. En la casa no quedó nadie y dejaron la máquina de nosotros afuera. Sentimos que nos dijeron ‘llévense el vehículo’, porque había orden de detener a los dueños de la casa. Era entregar uno o perderlos todo”, creyó la empresaria.

Para recuperar definitivamente el furgón llegaron dos buses con 30 efectivos delta cada uno, más dos camionetas de la Diprove, el fiscal y la gente de Inteligencia. Según Vanessa, cerca de 80 policías participaron del operativo, quienes cerraron la calle, porque en el poblado se dice que un auto chileno robado que entra no vuelve a salir y los traficantes son capaces de defender aquello con armas de guerra. 30 deltas vestidos de negro a quienes solamente veían sus ojos bajaron corriendo de un bus con ametralladoras. Hasta el fiscal asistió protegiendo su identidad a la operación y desde una camioneta en movimiento un capitán saltó y rodó por el suelo para abrir el furgón con el control remoto, encendió el motor y se llevó la máquina.

Escoltados hacia la frontera

El grupo regresó a Oruro y el matrimonio a esas alturas ya desconfiaba de todo, así que se cambiaron hasta en dos ocasiones a hoteles frente a un cuartel policial. El Ministerio Público y la policía informaron del operativo a la prensa y a ello siguió el proceso administrativo para salir de Bolivia con el auto recuperado. En esa tarea vieron un gran cantidad de vehículos chilenos que permanecían en un patio a la espera de ser reclamados. Cuando lograron resolver todo el papeleo se enfrentaron al escenario de recorrer caminos solitarios hacia la frontera con Chile y experimentaron el temor de ser interceptados por alguna banda en la carretera.

El regreso por Ollagüe estaba descartado porque la ruta obliga un paso por la zona de Challapata y la opción más segura era el retorno por Colchane (Iquique), siempre considerando la posibilidad de que los delincuentes quisiera recuperar lo perdido. Contactaron al coronel del operativo para pedir ayuda y el oficial les manifestó que no deseaba inquietarlos, pero que el riesgo continuaba por alguna represalia. Esto, porque se trataba de un negocio en el que alguien en Bolivia pudo perder hasta 20 mil dólares.

Desde Chile la familia contactó al cónsul en Antofagasta para solicitar auxilio y gracias a ello gestionaron una escolta policial para hacer la ruta hacia Colchane, aunque en todo momento estuvieron resguardados por efectivos de civil mientras que estaban a la espera para salir de Oruro.

Un contingente delta los acompañó en una camioneta y en el furgón hasta la frontera, quienes se mantuvieron durante el viaje en posición de tiro con ametralladoras. Un gran número de buses les impedía pasar el control fronterizo y la policía necesitaba verlos pasar hacia territorio chileno para concluir su trabajo. En Aduana les preguntaron cuánto habían pagado por el furgón y luego de ocho horas en las que incluso los funcionarios sospecharon que estaban robando el móvil, lograron salir de Bolivia.

Las dificultades administrativas continuaron en territorio nacional, ya que el vehículo no contaba con pasavante de salida y por ello no podían registrar su ingreso a Chile. En Colchane, indicó Vanessa, conocieron el desorden fronterizo para ingresar al país, observando que personas cruzaban caminando la frontera. Como en todo el camino no vio personas a pie, entendió que estas llegan en buses y se bajan antes del control.

A las cuatro de la mañana pasaron la Aduana de Colchane y en El Loa llegaron a otro control. Contaron toda la historia, la máquina fue revisada con el escáner y una funcionaria comentó que el relato era muy raro. También sospecharon que traían una botella oculta, sin embargo, finalmente los dejaron pasar.

“Hay gente que ni siquiera termina de pagar sus autos y se los llevan a Bolivia. En la feria todos los autos eran chilenos y del año. Al final salimos de la Aduana de El Loa y pudimos llegar a Antofagasta. En el furgón estaba la boleta del estacionamiento, con el GPS tenemos todo el trayecto, los peajes tienen cámaras y tenemos la dirección de una casa donde estuvo 17 minutos. Ha pasado un mes y todavía no me llaman de la fiscalía y en seis días recuperé el vehículo con 80 policías en Bolivia”, concluyó Vanessa Olmedo Figueroa.

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