Cuando un niño presenta fiebre y, al poco tiempo, aparecen pequeñas ampollas o vesículas en la boca, las manos o los pies, es habitual que se genere preocupación en el entorno familiar. Estos síntomas pueden corresponder a la enfermedad boca, mano y pie, una infección viral frecuente en la infancia que se transmite con facilidad y que puede generar brotes en comunidades escolares si no se adoptan medidas preventivas.
Según detalló el seremi de Salud de la Región de Antofagasta, Rodrigo Medina, se trata de una infección viral que afecta principalmente a niños. “Este virus pertenece a la familia de los enterovirus, específicamente al Coxsackie”, explicó.
El contagio se produce principalmente por contacto con superficies contaminadas, además de secreciones respiratorias y saliva, lo que facilita su propagación en espacios donde los niños comparten objetos de uso común. En esa línea, Medina precisó que “se contagia a través de fómites, ya sea por superficie que puedan estar contaminadas, vía respiratoria o saliva”.
Ante la sospecha de la enfermedad, la recomendación es acudir a un centro asistencial para confirmar el diagnóstico. La recuperación suele tardar entre siete y diez días, periodo en el que los síntomas pueden mantenerse y es clave vigilar la evolución del menor.
En el contexto de jardines infantiles y salas cuna, la autoridad advirtió que la interacción constante entre niños y el contacto con objetos compartidos aumenta el riesgo de recontagio, incluso dentro de un mismo brote.
El aislamiento del niño durante este periodo es una de las medidas más efectivas para evitar la propagación del virus. Mantenerlo en casa hasta la desaparición de las lesiones ayuda a cortar la cadena de contagio.
Finalmente, medidas como el lavado frecuente de manos, la desinfección de juguetes y superficies y evitar el contacto de menores enfermos con otros niños permiten reducir significativamente la propagación del virus.











