14.2 C
Antofagasta
sábado, 11 julio, 2026
spot_img
Política

“El gobierno dinamitó la posibilidad de llegar a un acuerdo”: senador Araya y discusión sobre la megarreforma

El legislador y sus pares del PPD en el Senado habían alcanzado un consenso sobre la invariabilidad tributaria. Araya sostuvo que debían elegir un escenario en el que el gobierno aprobaría el proyecto solo con votos del oficialismo o uno en el que podían incidir para mejorar una mala propuesta. Aunque el acuerdo quedó cerrado el jueves pasado, la tarde del viernes el ministro Quiroz dijo que el impuesto corporativo bajaría de 23% a 22%, lo que cambió la postura del parlamentario.

El senador Pedro Araya (PPD) retiró su apoyo al proyecto de megarreforma que propuso el Ejecutivo y condicionó votar a favor solamente si ocurre un nuevo marco de conversaciones. Sin embargo, el legislador adelantó que, si el gobierno quiere favorecer a las empresas, un nuevo proceso de entendimiento tendrá como base lo anteriormente acordado, más una rebaja del impuesto específico de los combustibles.

Hasta el jueves pasado, los senadores del PPD habían alcanzado un arreglo con el gobierno sobre la invariabilidad tributaria. Aquello tuvo un costo político para los parlamentarios, ya que la oposición cuestionó el acuerdo, asegurando que recurrirían al Tribunal Constitucional. Pero Araya respondió que el oficialismo cuenta con 26 votos en el Senado, suficiente para aprobar la iniciativa tal cual la presentó el Ejecutivo y que, en ese contexto, prefirieron incidir para mejorar sustancialmente una “reforma que es mala y que tendrá efectos negativos”.

Sin embargo, la tarde del viernes se conoció la indicación de que el proyecto rebajaría el impuesto corporativo del 23% al 22%, lo que desató la molestia de Araya, quien manifestó que “el gobierno no tiene palabra” y que “no entiende cómo se hacen las cosas”. Aunque luego el secretario de Estado sostuvo que esa medida quedaría sin efecto para privilegiar el pacto con los senadores, las consecuencias fueron irreversibles.

¿Qué decidió una vez que el ministro Quiroz confirmó que bajaría a un 22% el impuesto corporativo?

Hablo por mí, el gobierno dinamitó la posibilidad de llegar a un acuerdo en esto. Negocio de buena fe y cuando doy mi palabra, cumplo. Si el gobierno quiere que vote a favor, aquí hay una nueva negociación y el piso será lo que hay más una rebaja del impuesto a los combustibles. Si no, no me subiré al acuerdo. Ya que el gobierno está tan empeñado en favorecer a las empresas, llegó la hora de hacerle un gesto a la clase media, y el único gesto plausible es la rebaja del impuesto a los combustibles. Si no, no votaré a favor.

Acto seguido el ministro dejó “sin efecto” esa medida para inclinarse por el consenso alcanzado con los senadores PPD.  

Cuando negociamos con el gobierno nunca nos dijeron que estaban pensando bajar la tasa del impuesto corporativo a 22%, porque siempre discutimos un 23% corporativo más 1.5%, entonces se terminará pagando 24.5%. Pero luego dijeron que era un 22%, para que la empresa llegue a 23%.

El ministro, antes de desistir de la indicación, declaró que esa rebaja no estuvo en la discusión porque el acuerdo era solamente sobre la invariabilidad.

Así es, porque al ministro y a todos sus asesores les dije que sería el 23% más 1.5%. Nunca hablaron del 22%, porque si me hubiesen dicho esa cifra al comenzar, obviamente que la conversación habría sido otra.

¿Alguna decisión del gobierno podría llevarlo a revertir su postura?

Si el gobierno quiere que tengamos un acuerdo habrá una nueva negociación, lo que implica que el piso de esa negociación es lo que hay ahora (en el acuerdo de) invariabilidad, a lo que sumaremos una rebaja del impuesto específico de los combustibles. Si quieren contar con mi voto tiene que haber una rebaja sustancial a este impuesto específico.

¿Qué sensación queda al sentarse a conversar de buena fe y que, una vez establecido el acuerdo, el ministro informara sobre la rebaja al 22% del impuesto corporativo?

Lo primero que es un gobierno que no tiene palabra, que no entiende cómo se hacen las cosas. Si pensaron que podrían venir con la pillería y uno la dejaría pasar se equivocaron. Lamentablemente, nos encontramos con un gobierno que se creía “vivo” y que pensaba que podía hacer cualquier tipo de tontera. Así que ahora tiene que asumir las consecuencias.

LO QUE HABÍAN ACORDADO HASTA EL JUEVES

¿Cuáles fueron los argumentos para alcanzar el acuerdo con el gobierno para la megarreforma?

Vengo diciendo hace mucho rato que necesitamos sentido de realidad. Hoy, la derecha tiene 26 votos en el Senado y con eso aprueban cualquier cosa, incluida la megarreforma, salvo los nombramientos que requieren 33 votos. La oposición enfrentaba un dilema claro, o se atrincheraba en un discurso para redes sociales diciendo que esta era la reforma de los súper ricos, o nos sentábamos a la mesa a negociar con el gobierno para tratar de morigerar los efectos negativos que tendrá la reforma en la recaudación fiscal. Opté por el camino de sentarme a conversar, porque atrincherarnos en redes sociales no ayuda en nada a cambiar un mal proyecto.

¿Qué propusieron?

Lo que negociamos con el gobierno y el acuerdo al que llegamos fue la invariabilidad tributaria. El gobierno estaba proponiendo una invariabilidad tributaria de 25 años para inversiones sobre 50 millones de dólares. En esa conversación se discutió que era un plazo ilógico, demasiado extenso, que limitaba las posibilidades de fijar nuevos tributos. Avanzamos en una conversación que estableció que tres rangos de tiempo para la invariabilidad. Un rango de diez años para las empresas que inviertan entre 50 y 100 millones de dólares; un rango de 15 años para las que inviertan entre 100 y 350 millones de dólares y de 20 años para las que inviertan sobre 350 millones de dólares. Además, se logró que aquellas empresas, independientes de los años de la invariabilidad, tuvieran que pagar adicionalmente al impuesto corporativo el 1,5%. Lo que en la práctica dejaba a las empresas pagando 24,5% de impuestos en lugar de 23%, que era la propuesta del gobierno.

También ingresamos una serie de normas que no estaban en ninguna parte en materia de elusión tributaria, de transparencia en este tipo de contratos, para saber cuál es el efecto real que tiene una industria en la zona. Por ejemplo, la empresa que se acoja a la invariabilidad está obligada a informar cuántos empleos creará en la zona donde se instalará, cómo se relacionará con la comunidad. Una obligación respecto al respeto de las normas laborales y medioambientales. Entonces es bastante mejor que la propuesta original del gobierno.

¿Le sorprendió que el gobierno aceptara?

Me sorprendió, porque era más de lo que el gobierno había planteado y sustancialmente modificaba la propuesta original de invariabilidad tributaria. Y, además, también establece una serie de normas de control que no estaban en ninguna parte.

CRÍTICAS DE LA OPOSICIÓN

¿Por qué una decisión de esta magnitud no fue comunicada a las autoridades de su partido?

Esto coincidió con el periodo en el que el PPD cambió de directiva, algo que ocurrió en estos días, así que tenía un presidente saliente y uno entrante. A Raúl Soto le dije, mi posición es que hay dos escenarios posibles, o nos atrincheramos en el infantilismo que tiene la oposición de decir que la reforma es de los súper ricos, o tratamos de incidir en una reforma que es mala y que tendrá efectos negativos. Le dije que estaba por el segundo camino y que no sabía cuál sería la decisión del PPD. Raúl me dijo que no estaba en condiciones de dar una respuesta, porque la directiva estaba asumiendo y todo esto se precipitó en dos o tres días.

¿Cómo cree que veía esa señal en la ciudadanía, respecto de unos parlamentarios de izquierda que alcanzaron un acuerdo con el gobierno, pero al mismo tiempo la oposición anunciando que recurrirá al Tribunal Constitucional para impugnar lo resuelto?

Hay que entender que Kast tiene mayoría en la Cámara de Diputados, porque se la entregó el PDG y no necesita a nadie de izquierda en el Senado porque la derecha tiene 26 votos. Esa es la realidad de las cosas.

La oposición o la derecha, sea quien sea, no puede decir que irá al Tribunal Constitucional sin siquiera saber cuál es el texto que saldrá del Congreso. También hay que recordar que el Tribunal Constitucional no es un órgano de presión política, es un tribunal que resuelve problemas de constitucionalidad. En ese sentido, el llamado que hacemos es que cualquiera puede recurrir al Tribunal Constitucional, pero una vez que se conozca bien el texto que saldrá del Congreso. Le dije al gobierno en las conversaciones que tengo profundas diferencias, porque creo que el corazón de la reforma es el desmantelamiento de la institucionalidad ambiental y, probablemente, recurra al TC si el proyecto se aprueba como está en los temas ambientales.

Le diría a la ciudadanía que merece informarse de cuál es la discusión y qué es lo que está pasando, porque es muy fácil quedarse con la cuña de que un grupo de senadores negoció con el gobierno sin saber qué se logró con ese acuerdo, cómo se logró mejorar un proyecto sustancialmente. Le preguntaría a la gente de izquierda que estaba hablando, ¿qué prefieren? ¿Una invariabilidad de 25 años por 50 millones de dólares, o lo que se logró, menores tiempos de invariabilidad y que adicionalmente se pague un 1,5% a la salud y a los lugares donde se encuentren emplazadas las faenas?

TENSIÓN POR UN NUEVO CICLO POLÍTICO

¿El PPD quedaba en un punto complicado con el resto de los partidos de izquierda, tendrá este proceso algún costo político? Por ejemplo, surgió una crítica desde el PC acusando que esto divide a la oposición.

El problema que tiene la oposición es mucho más estructural y no tiene que ver con la megarreforma. Como país estamos viviendo un nuevo ciclo político, se está redefiniendo quién es quién en la izquierda y en la derecha. Probablemente, en derecha la pelea no se nota tanto, porque a través de la presidencia de la República, con los nombramientos que tiene que hacer el gobierno, logra controlar esa disputa. Sin embargo, aun así, hemos visto tensión entre libertarios, republicanos, la UDI e incluso Renovación Nacional.

Aquí pasa lo mismo, hay una redefinición de quién es quién es la centroizquierda, quién tiene el liderazgo de la oposición y qué tipo de oposición tendremos. Probablemente, el que menos tensión tiene en esto es el Partido Comunista por su larga historia política en Chile, pero hoy hemos visto las peleas internas en el Partido Socialista, lo que pasó entre las senadoras Vodanovic y Cicardini. El PS está muy presionado por el avance del Frente Amplio y, por otra parte, vimos que el Frente Amplio hoy se define como socialista. En este diseño, la oposición no tiene unidad y, a mi juicio, el bloque de la centroizquierda se está rearmando y viviremos esta tensión permanente probablemente durante todo este año y el próximo, hasta que se produzca un acomodo de quién es quién.

En el caso del TC, el PPD tiene que tomar una decisión, lo mismo que los socialistas y la democracia cristiana sobre quiénes serán nuestros aliados naturales en distintos temas. Es legítimo que existan esas diferencias, que seguiremos viviendo con una serie de temas en los que no hay coincidencia entre lo que piensan los distintos partidos del progresismo de la centroizquierda.

COMPARTE ESTA NOTICIA

- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img