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lunes, 27 julio, 2026
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Política

Analistas políticos revisan el complejo presente del PDG y el rol de su único diputado en Antofagasta

El Partido de la Gente (PDG) atraviesa una crisis interna y externa. La elección de su directiva nacional, en la que Fabián Ossandón resultó vicepresidente, fue anulada y se resolverá en el Tricel. El conglomerado cuenta con una presidenta subrogante en momentos en los que el Servel denunciaría al PDG ante el Ministerio Público por gastos no acreditados y por sus balances rechazados en varias oportunidades el partido podría enfrentar su disolución.

El Partido de la Gente (PDG) suma un nuevo episodio complejo en su corta historia política. Tras constituirse como conglomerado en el 2021 emergieron como una fuerza electoral capaz de inclinar elecciones, sin embargo, al poco tiempo en Antofagasta sufrieron la salida de varios militantes que lograron cargos de elección popular. La pérdida más significativa fue la de Yovana Ahumada, quien como diputada renunció al PDG en diciembre del 2022. También registraron turbulencias en su directiva regional, la que fue impugnada y expulsada de la colectividad en el 2023, grupo en el que incluso estuvo el fundador del partido, aunque esa decisión fue revertida por la Corte de Apelaciones.

Este año, la elección de la mesa directiva nacional fue anulada por el tribunal supremo y el proceso se encuentra por resolver en el Tribunal Calificador de Elecciones. En esos comicios anulados, Fabián Ossandón estaba en una de las vicepresidencias nacionales de la lista ganadora. Y ahora el último problema llegó desde el Servel, ya que según informó La Segunda, el organismo denunciaría en el Ministerio Público a la tienda por gastos no acreditados y balances contables rechazados desde el 2023, por lo que el partido incluso podría enfrentar la disolución.

En Antofagasta, su único diputado es el exconsejero regional Fabián Ossandón, quien debe lidiar con la actualidad nacional de su conglomerado mientras está en el Congreso, para luego desarrollar su labor parlamentaria en el territorio. Este escenario fue analizado por académicos y consultores políticos, quienes revisaron el alcance del momento político del PDG en la percepción del rol que ejerce el diputado.

Francis Espinoza, doctora en Ciencias Políticas y académica de la Universidad Católica del Norte, sostuvo que el PDG enfrenta una crisis importante de gobernanza política interna tras la salida de Rodrigo Vattuone y la llegada de Denisse Catalán a la presidencia nacional. Asimismo, agregó, las irregularidades financieras denunciadas por el Servel complejizan el actuar de un partido que pasó de ser bisagra a estar en el centro del tablero político como actor fundamental de negociación de la megarreforma.

“No estoy tan segura del impacto directo al diputado Ossandón, pues con Franco Parisi como vicepresidente hay un movimiento de refuerzo del control político del economista. El resto son simples peones que giran en torno al excesivo protagonismo de Parisi”, apuntó Espinoza.

La académica también manifestó que “siempre me ha parecido que el diputado Fabián Ossandón está un poco ‘pegado con chicle’ en el PDG, y su votación territorial podría ser recepcionada con beneplácito por cualquier partido, aunque el parlamentario tiende a ser un camaleón que viaja por distintas tiendas políticas. Mi preocupación fundamental en su caso es que se comporta muy parecido a Videla, la política de la contingencia, y uno/a ve poca gestión e inmadurez parlamentaria”.

“EXPUESTO A LOS REPAROS HACIA EL PDG”

Sobre la crisis de gobernanza en el PDG, el abogado y académico de Derecho, Alfredo Loyola, recordó que la tienda surgió como un fenómeno atípico y dinámico en la política chilena moderna, aprovechando el descontento de la ciudadanía y utilizando las plataformas digitales para convocar a un electorado no tradicional. Sin embargo, añadió, los problemas internos, las divisiones en su bancada y las controversias de financiamiento y desorganización interna que enfrentan, son síntomas comunes de partidos que buscan acaparar todo.

“Son movimientos emergentes que crecen como la espuma, a gran velocidad, sin una estructura orgánica. Al final se ven como un partido instrumental, les falta la doctrina ideológica. Para que un partido joven, como el PDG, se consolide y no se perciba meramente como un proyecto meramente coyuntural, la transparencia interna y la disciplina parlamentaria de sus políticos son vitales”, aseguró el abogado.

Cuando un partido registra tensiones continuas de gobernanza o disputas públicas arriesga el desgaste de su marca política, lo que lleva a la frustración de los votantes que buscaban una alternativa distinta a la política tradicional.

“La percepción de figuras con presencia territorial, como Fabián Ossandón, suelen depender en gran medida de la gestión directa, el trabajo en terreno y la capacidad de respuesta a las demandas de la región. Él ha tenido un trabajo territorial continuo, se le reconoce una trayectoria de permanente contacto con la comunidad, desde su etapa en ‘Antofa Segura’, en el Consejo Regional y ahora en el Congreso. Reconozco que en él hay cierta independencia y pragmatismo, se le percibe como un político pragmático enfocado a la gestión regional, más que a la disputa ideológica dogmática”, valoró.

Pero bajo una mirada crítica, Loyola dijo que en ciertos sectores cuestionan sus cambios de pactos políticos previos, pasando de independiente al PDG, lo que se interpreta como una estrategia más personalista que de un compromiso doctrinal con un partido. “Y también hay una cierta exposición a conflictos con el Partido de la Gente, al asumir una representación y cargo directivo en el conglomerado absorbe el costo de ser salpicado por los vaivenes e inestabilidad interna. No sé si esto puede ser un reparo directo a él, pero siendo del PDG está expuesto a aquello. Pero lo positivo es rescatar que tiene un sello regional”, apuntó el académico.

“EL COSTO POLÍTICO ES COLECTIVO”

El consultor y analista político Osvaldo Villalobos subrayó que el Partido de la Gente nació prometiendo romper con las viejas prácticas y cuestionando duramente el financiamiento público de la política.

“Durante años, Franco Parisi sostuvo que los partidos no debían vivir de recursos fiscales y que las campañas debían sostenerse principalmente con el respaldo de la ciudadanía y aportes privados transparentes. Sin embargo, hoy el PDG enfrenta una de las crisis más profundas de su historia precisamente por la administración de esos recursos. El Servel anunció que denunciará ante el Ministerio Público presuntas irregularidades detectadas en la fiscalización de sus cuentas, luego de acumular balances rechazados desde 2023 e, incluso, enfrenta el riesgo de disolución”, declaró Villalobos.

La contradicción es evidente, enfatizó, ya que el partido que hizo del cuestionamiento al financiamiento público una de sus principales banderas, hoy debe responder por la forma en que administró esos mismos recursos.

Y expresó que ese escenario inevitablemente alcanza a quienes representan la marca política, aunque no tengan participación directa en los hechos investigados. “En política, la responsabilidad penal es individual, pero el costo político siempre es colectivo. El diputado Fabián Ossandón puede exhibir una agenda legislativa propia y una gestión territorial activa, pero mientras el PDG continúe ocupando titulares por investigaciones del Servel, balances rechazados y eventuales acciones del Ministerio Público, será muy difícil que la conversación pública se concentre exclusivamente en su trabajo parlamentario. La marca partidaria termina condicionando la percepción ciudadana de todos sus representantes”, advirtió.

El analista planteó que la interrogante ya no es únicamente si el PDG logrará superar esta nueva crisis, sino cuánto daño provocará a la credibilidad del proyecto político que prometía hacer las cosas de manera distinta. En ese sentido, remarcó que la ciudadanía suele perdonar errores, pero castiga con mucha más fuerza la incoherencia.

“Y hoy esa parece ser la principal amenaza para el partido: haber construido su identidad denunciando las prácticas de la política tradicional para terminar enfrentando cuestionamientos sobre transparencia, gobernanza y administración de recursos. Cuando el discurso y los hechos dejan de caminar en la misma dirección, el problema deja de ser comunicacional y pasa a ser de confianza”, afirmó Villalobos.

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