Los aluviones registrados durante las últimas precipitaciones en la Región de Antofagasta dejaron imágenes impactantes tanto en el sector sur de la capital regional como en Tocopilla. Sin embargo, para la geóloga y experta en aluviones Francisca Roldán, lo ocurrido también debe convertirse en una oportunidad para obtener información, corregir deficiencias y avanzar hacia una gestión de las emergencias que incorpore de manera permanente el conocimiento científico.
Así lo planteó durante una entrevista en el podcast “Un Día Menos” de Timeline Antofagasta, donde abordó lo ocurrido en las quebradas Roca Roja y Jorgillo, las diferencias entre ambos eventos, el funcionamiento de las obras de mitigación, los tiempos de evacuación, el sistema SAE y la situación registrada en Tocopilla.
Uno de sus planteamientos centrales fue la necesidad de constituir en la región un consejo asesor o consultivo integrado por expertos locales en remociones en masa y otras disciplinas relacionadas, que pueda entregar antecedentes técnicos a quienes deben tomar decisiones.
Consultada directamente sobre qué tan urgente sería crear una instancia de este tipo, Roldán respondió: “Urgente, demasiado urgente, demasiado prioritario. Se requiere ya”. A su juicio, permitiría “unir al fin bien y de forma efectiva la comunidad científica con lo que son las entidades y la toma de decisiones”.
La especialista explicó que ninguna disciplina por sí sola puede abordar completamente este tipo de amenazas y que, precisamente por eso, resulta fundamental reunir distintas áreas del conocimiento.
“Nosotros no sabemos todo. Todos tenemos ahí un gap de conocimiento en ciertas áreas. Yo no puedo estar diseñando una construcción porque eso es parte de lo que son los ingenieros”, ejemplificó, agregando que es necesario “unir fuerzas” entre las instituciones públicas y quienes desarrollan investigación.
“¿Por qué no se asesoran también por expertos?”
Roldán también cuestionó que decisiones relacionadas con el territorio puedan adoptarse sin contar con suficiente asesoría especializada. En ese sentido, sostuvo que si una autoridad desconoce una materia antes de adoptar una resolución, debería recurrir a profesionales del área.
“¿Por qué no se asesoran también por expertos? Existen expertos. Conozco muchísimos colegas que son bastante buenos en esta área”, señaló. La geóloga mencionó además la capacidad existente en la Universidad Católica del Norte y recalcó que “elegir a la gente adecuada para lo que nosotros queremos es la toma de decisiones correcta”.
Durante la conversación también relató que ofreció gratuitamente su colaboración a una entidad pública vinculada a emergencias, sin obtener respuesta. La profesional calificó la situación como frustrante y llamó a las autoridades a trabajar de manera mancomunada con especialistas.
Antofagasta tiene 96 quebradas y faltan estudios
Otro de los puntos abordados fue el conocimiento disponible respecto de las quebradas de Antofagasta. Roldán explicó que una cosa son los umbrales meteorológicos que permiten anticipar determinadas condiciones de lluvia y otra distinta es conocer el umbral de respuesta del suelo, es decir, determinar cómo reaccionará una quebrada frente a esas precipitaciones.
Para la especialista, la ciudad debería avanzar hacia la caracterización individual de sus 96 quebradas, pese a la magnitud que implica una tarea de ese tipo.
“Se puede, ¿por qué no? Tenemos que exigir la totalidad de calidad en los estudios, que también dependen vidas de aquello”, afirmó. A su juicio, Chile ha conseguido importantes avances frente a los terremotos, pero “estamos al debe” en las amenazas hidrometeorológicas.
La geóloga advirtió además que actualmente ni siquiera existe un análisis de susceptibilidad que permita establecer prioridades entre las 96 quebradas de Antofagasta. Esto resulta especialmente relevante considerando el alto costo que implica construir obras de contención y la necesidad de determinar técnicamente dónde son más urgentes.
Jorgillo sorprendió por su potencial destructivo
Tras recorrer terreno, Roldán explicó que las quebradas Jorgillo y Roca Roja presentaron comportamientos diferentes.
En Roca Roja observó principalmente sedimentos finos y un flujo de lodo, mientras que en Jorgillo encontró incluso bloques de tamaño métrico. Esta última quebrada, pese a poseer una cuenca considerablemente menor, presentó un flujo con una potencialidad mucho mayor.
Según explicó, esto demuestra que no basta con considerar el tamaño de una cuenca para estimar su peligro, ya que intervienen factores como la pendiente, el tipo de sedimento, las características internas del terreno, la humedad acumulada y la distribución de las precipitaciones.
Roldán señaló que Jorgillo no estaba entre las quebradas que concentraban mayor atención y que tampoco se conoce suficientemente su umbral de respuesta del suelo.
La especialista sostuvo además que antes del evento existía humedad importante en gran parte de las quebradas y que las mediciones realizadas por ella mostraban diferencias entre la precipitación registrada en la ciudad y aquella acumulada al interior de las cuencas. Por ello, planteó la conveniencia de contar con equipos de terreno y tecnología capaz de monitorear la respuesta del suelo, complementando los sistemas meteorológicos.
Piscinas aluvionales: 12 frente a 96 quebradas
Respecto de las piscinas aluvionales existentes en Antofagasta, Roldán realizó una evaluación positiva, aunque llamó a no asumir que estas obras resuelven completamente el problema.
La experta recordó que la ciudad cuenta con 12 piscinas de contención frente a 96 quebradas, y puso especial énfasis en el tiempo disponible para evacuar a quienes habitan cerca de las laderas.
También explicó que las características geológicas del norte favorecen procesos rápidos: la presencia de roca expuesta provoca escorrentía directa y el agua puede erosionar y sobresaturar rápidamente los sedimentos acumulados en las laderas.
Por ello, insistió en que mirar únicamente cuántos milímetros de lluvia se pronostican puede entregar una visión incompleta del peligro.
Tocopilla: obras ayudaron, pero también quedaron lecciones
La conversación abordó además extensamente el aluvión ocurrido en Tocopilla y el debate respecto de si las obras construidas para enfrentar este tipo de eventos funcionaron o fueron sobrepasadas.
Roldán planteó una evaluación con matices. Valoró que el diseño considerara la posibilidad de que las piscinas se sobresaturaran y que calle Copiapó contara con estructuras destinadas a encauzar el flujo. Sin embargo, también observó que algunas de esas barreras terminaron colapsando y viviendas cercanas resultaron afectadas, por lo que llamó a revisar los diseños y aprender de lo ocurrido.
La especialista fue enfática, sin embargo, en que la existencia de las obras habría reducido considerablemente las consecuencias.
“¿Qué hubiera pasado si no hubieran estado?”, planteó. Según explicó, varias estructuras sí retuvieron material y, sin ellas, probablemente habría descendido hacia la ciudad una cantidad mucho mayor de bloques de roca y sedimentos gruesos. Incluso sostuvo que, sin las piscinas y el encauzamiento, “hubiéramos tenido fallecidos”.
Por ello, más que limitarse a determinar si las estructuras “funcionaron” o “fallaron”, llamó a registrar detalladamente todas las zonas activadas, identificar deficiencias y utilizar esos antecedentes para mejorar futuras reconstrucciones.
“Más que solamente criticar, busquemos soluciones”, expresó, planteando que se debe levantar un registro completo de los sectores afectados para determinar prioridades y detectar eventuales fallas de diseño.
“Si sienten el aluvión, ya es tarde”
La geóloga también insistió en la importancia de la prevención y de no esperar señales visibles o auditivas de un aluvión antes de reaccionar.
Al recordar la tragedia de Antofagasta de 1991, explicó que quienes sobrevivieron describieron el ruido del flujo como el de un enorme camión cargado con rocas. Pero advirtió que, cuando ese sonido puede escucharse, el margen para evacuar prácticamente desapareció.
“No tienen que esperar nada, absolutamente nada. Si ustedes ven que está lloviendo, que hay una alerta meteorológica, por favor manténganse alerta”, señaló.
Para Roldán, los acontecimientos de esta semana deben ser utilizados como una fuente de información para prepararse mejor ante futuros episodios. La clave, sostuvo durante la entrevista, pasa por estudiar las quebradas individualmente, conocer cómo responde el suelo, mejorar los sistemas de alerta y evacuación, revisar las obras existentes y, especialmente, incorporar de manera permanente a científicos y especialistas en la toma de decisiones públicas.
Una tarea que, a su juicio, ya no admite demasiada espera: “Es urgente, demasiado urgente, demasiado prioritario. Se requiere ya”.











