17.6 C
Antofagasta
martes, 25 agosto, 2026
spot_img
Entrevista

Experto por mapa de evacuación ante aluviones en Antofagasta: “Deberíamos considerarlo ya en desuso completamente”

Gabriel González, geólogo, experto en sismos y profesor titular del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte (UCN), explicó en el podcast Un Día Menos de Timeline que el actual instrumento utiliza como referencia el aluvión de 1991, cuando Antofagasta tenía una configuración urbana muy distinta. El académico planteó la necesidad de incorporar modelación numérica y monitoreo en tiempo real de las quebradas. Además, advirtió que entre Mejillones e Iquique persiste una brecha sísmica de 149 años con energía suficiente para generar un terremoto de magnitud 8,8.

El mapa utilizado actualmente como referencia para la evacuación ante aluviones en Antofagasta debería considerarse “en desuso completamente” y ser reemplazado por una herramienta que incorpore la configuración actual de la ciudad, las obras de mitigación construidas durante las últimas décadas y nuevas tecnologías de modelación.

Así lo sostuvo Gabriel González, geólogo, experto en sismos y profesor titular del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte (UCN), durante una extensa entrevista en el podcast Un Día Menos de Timeline.cl, donde abordó los riesgos asociados a terremotos, tsunamis y aluviones en la Región de Antofagasta.

Uno de los principales puntos de la conversación surgió a propósito de las recientes precipitaciones y de los mapas difundidos para orientar a la población frente a una eventual activación de quebradas.

González explicó que participó junto a especialistas de la Universidad de Antofagasta en la mesa técnica que apoyó a la entonces Onemi en la elaboración de un mapa de multiamenaza. El problema, indicó, es que las zonas de afectación por aluviones que aparecen en ese instrumento se construyeron fundamentalmente a partir de lo ocurrido en 1991.

“Eso es con información del aluvión del año 91”, explicó el académico, haciendo presente que se trataba de una Antofagasta diferente, donde las quebradas no contaban con las piscinas aluvionales existentes actualmente y donde tampoco estaba presente gran parte de la infraestructura que hoy modifica el comportamiento de los flujos.

Por eso, González fue categórico respecto del estado actual del instrumento: “Es una primera herramienta, pero que deberíamos considerarla ya en desuso completamente”.

Un nuevo mapa con modelación numérica

El especialista planteó que una actualización no debería limitarse a volver a dibujar las zonas afectadas en 1991, sino utilizar modelaciones numéricas capaces de simular cómo responderían actualmente las quebradas y cuál sería el efecto de las piscinas aluvionales y de la infraestructura construida durante las últimas décadas.

“Necesita tener un nuevo formato y ese nuevo formato no puede ser comparando con los aluviones que bajaron del 91”, sostuvo González, quien apuntó a utilizar modelación numérica para conocer la respuesta actual de las cuencas.

A ello sumó la posibilidad de instalar sistemas de monitoreo en tiempo real. Según explicó, los aluviones no solamente pueden observarse mediante cámaras, sino que también pueden detectarse a través de las vibraciones generadas por el desplazamiento de rocas y sedimentos.

La combinación de sensores, cámaras y mapas actualizados podría entregar minutos valiosos para anticipar una evacuación. “Tener un sistema que te permita medir cuáles son las quebradas que se están activando y poder adelantar un proceso de evacuación”, explicó.

Durante la conversación también se abordó la posibilidad de utilizar cámaras autónomas y, en el futuro, pequeños satélites para observar las quebradas. González sostuvo que la tecnología necesaria ya existe y recordó experiencias conocidas durante una misión realizada en Japón, donde observó sistemas satelitales de pequeñas dimensiones utilizados para capturar información en tiempo real.

La brecha sísmica entre Mejillones e Iquique

Otro de los puntos centrales de la entrevista estuvo relacionado con el riesgo sísmico del norte de Chile.

González explicó que entre Mejillones e Iquique se mantiene una brecha sísmica que acumula energía desde hace 149 años, correspondiente a una extensa zona donde no se ha producido una ruptura equivalente al gran terremoto de 1877.

“Tenemos una brecha sísmica que se sigue manteniendo desde hace 149 años”, señaló. De acuerdo con el geólogo, la energía acumulada sería suficiente para generar un terremoto de magnitud 8,8, comparable al terremoto del Maule de 2010.

El académico enfatizó que esta condición no cambió con el terremoto de Tocopilla de 2007 ni con otros eventos ocurridos en la periferia de esta zona potencial de ruptura.

“La energía se sigue acumulando”, afirmó, recordando además que el terremoto de 1877 ocurrió en esa misma zona y produjo un tsunami de grandes proporciones.

Respecto de la sucesión de terremotos ocurridos en distintos países sudamericanos, González descartó que exista evidencia científica de una suerte de cadena que vaya acercándose hacia Chile. Explicó que sí pueden producirse interacciones entre terremotos ubicados en zonas relativamente próximas, pero no existe evidencia para establecer una conexión directa entre eventos separados por grandes distancias.

El complejo escenario de Mejillones

El especialista dedicó además parte importante de su análisis a Mejillones, comuna que, según explicó, presenta características particularmente complejas frente a terremotos y tsunamis.

A diferencia de buena parte de Antofagasta, construida sobre roca, Mejillones se encuentra sobre una columna de sedimentos que alcanza aproximadamente 700 metros antes de encontrar roca.

“Mejillones se comporta como una piscina cuando hay un terremoto”, graficó González, explicando que las ondas sísmicas pueden amplificarse dentro de esa cuenca sedimentaria.

A eso se suma su configuración urbana plana y cercana al nivel del mar, lo que aumenta la exposición frente a un eventual tsunami.

Para ciudades con esas características, González planteó que existen alternativas como la evacuación vertical: estructuras especialmente diseñadas para resistir un terremoto y permitir que cientos o incluso miles de personas alcancen una altura segura sin tener que recorrer grandes distancias. Mencionó experiencias observadas en Seattle y El Callao como ejemplos que podrían ser considerados para Mejillones.

COMPARTE ESTA NOTICIA

- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
- publicidad -spot_img
close-link