¿Cómo puede persistir la vida en uno de los ambientes más áridos del planeta? Esa es una de las preguntas que busca responder el proyecto Fondecyt liderado por la Dra. Cecilia Demergasso, investigadora de la Universidad Católica del Norte (UCN), que estudia el papel de los gases atmosféricos en el sustento y la supervivencia de comunidades microbianas presentes en los suelos hiperáridos del desierto de Atacama.
Los avances de la investigación fueron presentados y analizados durante un workshop científico internacional realizado el 23 de octubre. La actividad reunió a investigadoras vinculadas al SETI Institute y al Ames Research Center de la NASA, en Estados Unidos; Monash University, en Australia; y la Universidad de Buenos Aires, en Argentina. También participaron investigadores, investigadoras y profesionales de apoyo a la investigación del Centro de Biotecnología de la UCN.
El encuentro permitió compartir resultados preliminares, revisar los avances metodológicos y las capacidades técnicas desarrolladas durante el proyecto, además de abrir nuevas preguntas sobre los mecanismos que permiten la supervivencia de microorganismos en ambientes con una disponibilidad de agua extremadamente limitada.
Biodiversidad que resiste en condiciones extremas
Uno de los resultados relevantes del proyecto es la estimación de los períodos del año en que las comunidades microbianas de los suelos hiperáridos cuentan con condiciones de humedad suficientes para crecer.
Estas ventanas de actividad biológica pueden ser extraordinariamente breves y varían según las condiciones ambientales, especialmente entre años secos y húmedos.
El hallazgo resulta clave para comprender una característica fundamental de los ecosistemas desérticos: la baja productividad biológica no significa ausencia de vida ni implica que su biodiversidad tenga un menor valor ecológico o científico.
A diferencia de otros ecosistemas, donde el crecimiento de la vegetación permite observar con facilidad la actividad biológica, en los ambientes hiperáridos gran parte de la biodiversidad permanece prácticamente invisible. Allí, las comunidades microbianas desarrollan mecanismos de persistencia adaptados a condiciones ambientales extremas.
La floración que actualmente puede observarse en los cerros de Antofagasta constituye otra expresión de la singularidad de la vida en el desierto. Aunque responde a procesos biológicos distintos de los estudiados en las comunidades microbianas, muestra cómo diferentes formas de biodiversidad pueden persistir durante largos períodos y manifestarse cuando las condiciones ambientales lo permiten.
Evidencia científica del Atacama llega a la COP17 de Biodiversidad
La importancia de esta investigación trasciende el ámbito de la microbiología. Resultados del proyecto recientemente publicados fueron incorporados como antecedentes científicos a la propuesta que el Nodo LANDATA, de la Universidad Católica del Norte, presenta durante la 17.ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17), que se desarrolla en Ereván, Armenia.
La iniciativa busca promover una discusión internacional sobre el reconocimiento de los desiertos naturales como ecosistemas de biodiversidad singular, cuya valoración y conservación deben considerar sus características ecológicas específicas.
Uno de los desafíos identificados por LANDATA es evitar que indicadores asociados principalmente a la cobertura vegetal o a la productividad biológica se utilicen como criterios suficientes para evaluar la importancia de estos ecosistemas.
Los resultados sobre la persistencia de comunidades microbianas en los suelos hiperáridos del Atacama permiten ilustrar esta problemática. Incluso cuando el crecimiento se restringe a períodos mínimos, existen comunidades biológicas altamente adaptadas cuya diversidad, funcionamiento y contribución ecológica deben ser comprendidos e incorporados en las estrategias de conservación.
Colaboración internacional para comprender y proteger los desiertos
La participación de instituciones científicas de Estados Unidos, Australia y Argentina, junto con el trabajo desarrollado por el Centro de Biotecnología de la UCN, demuestra la importancia de la colaboración internacional para fortalecer la investigación sobre ecosistemas extremos.
Los avances del proyecto Fondecyt contribuyen a comprender los mecanismos que permiten la persistencia de la vida microbiana en el desierto de Atacama y, al mismo tiempo, abren nuevas preguntas y oportunidades de investigación.
En el contexto de la COP17, estos antecedentes refuerzan uno de los planteamientos centrales de LANDATA: los desiertos naturales no son territorios carentes de biodiversidad, sino ecosistemas con formas de vida, procesos ecológicos y adaptaciones singulares que deben ser reconocidos mediante criterios científicos pertinentes a sus propias características.
La experiencia del Atacama aporta así conocimiento relevante a la discusión internacional sobre cómo incorporar de mejor manera la biodiversidad de los ambientes desérticos en las políticas, los instrumentos de evaluación y las estrategias globales de conservación.

