El periodista Víctor Toloza, director de El Mercurio de Antofagasta, abordó en el podcast Un Día Menos de La Caja el impacto regional del proyecto INNA y el debate que abrió sobre desarrollo industrial, energía verde y astronomía en la zona de Paposo.
Su diagnóstico fue claro: el conflicto terminó planteándose en términos binarios, sin espacio para matices. “Dos actividades perfectamente compatibles terminaron en un escenario de ‘sí o no’”, afirmó, en referencia a la tensión entre el proyecto energético y la protección de los cielos para la observación astronómica.
Para Toloza, el problema no fue discutir los impactos, sino la forma en que se resolvió la controversia. A su juicio, la discusión se cerró demasiado rápido y sin agotar todas las instancias técnicas.
Una inversión de escala mayor
El director del diario local enfatizó que lo que estaba en juego no era un proyecto cualquiera. “Perdimos una inversión de 10 mil millones de dólares”, señaló, subrayando que se trataba de una iniciativa ligada a hidrógeno y amoníaco verde, con potencial para detonar nuevas industrias asociadas a la transición energética.
Según explicó, INNA podía convertirse en un polo de desarrollo tecnológico para la región y posicionar a Chile en la frontera de las energías limpias. “Esto no es una inversión más o menos, es otro tipo de desarrollo industrial”, planteó.
Desde su mirada, el país tiene derecho a evaluar este tipo de apuestas estratégicas. “Si los impactos ambientales son nocivos, para eso está la normativa. Pero sancionar a priori sin todos los antecedentes es el peor de los escenarios”, sostuvo.
Astronomía: activo global, pero no excluyente
Toloza recalcó que la astronomía es un orgullo para la región y un aporte a la humanidad, pero advirtió que eso no debería significar cerrar la puerta a otras áreas de desarrollo.
Indicó que incluso existían interpretaciones técnicas distintas sobre el impacto lumínico del proyecto y que tanto el mundo científico como el industrial presentaron sus propios argumentos. “Un país puede aspirar a ambas cosas”, resumió.
A su juicio, el caso INNA refleja un debate mayor sobre ordenamiento territorial y compatibilidad entre industrias en una región cada vez más demandada por distintos sectores productivos.
Seguridad y norte fronterizo
En la conversación también abordó la prioridad en seguridad en la macrozona norte. Explicó que la idea de delegados con perfil exuniformado responde a demandas ciudadanas levantadas en campaña, especialmente por el control fronterizo.
Recordó que la región concentra numerosos pasos ilegales y rutas de ingreso de droga, además de señales de presencia de crimen organizado internacional. “Hay lugares donde el Estado no existe, y eso es un riesgo tremendo”, advirtió.
Si bien reconoció que Antofagasta es mucho más que seguridad, sostuvo que el problema es real y requiere respuestas concretas.
Riqueza regional y brechas pendientes
Toloza también puso el foco en la contradicción entre la riqueza que genera Antofagasta y los indicadores sociales. Mencionó rezagos en educación, salud y calidad de vida, además de la histórica centralización de recursos.
“Antofagasta mueve la aguja del país”, afirmó, insistiendo en que el desarrollo de la región tiene impacto nacional. Desde su perspectiva, no se trata solo de un reclamo local, sino de una cuestión estratégica para Chile.
Pensar en el largo plazo
Pese a sus críticas, el periodista se mostró moderadamente optimista. Valoró que hoy exista un diagnóstico más compartido sobre los desafíos regionales y que distintos actores estén dialogando a través de la EMRA.
Advirtió, eso sí, que los ciclos mineros no son eternos. “El cobre a precios récord no será permanente”, señaló, llamando a aprovechar el momento actual para diversificar la matriz productiva y sentar bases de futuro.
Su conclusión apuntó a la ambición regional: Antofagasta tiene minería, energía, ciencia y logística de clase mundial. “Uno debería aspirar a que sea la mejor región de Chile”, cerró.
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