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jueves, 2 abril, 2026
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La región está de luto

Artistas locales despiden al maestro Waldo Valenzuela: “Se va el padre de la plástica antofagastina”

A los 94 años falleció el pintor y académico de la Universidad Católica del Norte. En sus 60 años de trabajo cultural destacó en su rol como formador de generaciones de artistas en Antofagasta. En 1998 fue reconocido con el Ancla de Oro, la máxima distinción que entrega la ciudad y en el 2023 recibió el Premio Regional a las Culturas, las Artes y el Patrimonio “Linterna de Papel”. La pintora Alicia Guzmán manifestó que Valenzuela dejó un legado que será difícil de superar. “Fue una persona generosa, nunca hizo diferencias con nadie (…) Más que un maestro, era como un papá del arte, al menos así lo siento yo”, declaró la artista.

Desde el pasado 31 de marzo, el mundo cultural de Antofagasta experimenta una dualidad de emociones. El vacío que deja la partida del maestro Waldo Valenzuela Maturana es al mismo tiempo colmado por los trazos de colores e imágenes en sus lienzos y su recuerdo como un nodo entre personas. El pintor que salió de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile no solo fue académico y formador de generaciones de artistas en la región, también tendió puentes e integró sin distinción en su esfuerzo por elevar la calidad del valor humano en la sociedad.

El pintor, profesor del Liceo Experimental Artístico, docente de la Universidad Católica del Norte y gestor de iniciativas artísticas falleció a los 94 años. Como no muchas veces ocurre en las artes, la ciudad supo reconocer su trabajo a tiempo. En 1998 fue condecorado con el Ancla de Oro, la máxima distinción que entrega Antofagasta y en el 2023 fue el ganador del premio “Linterna de Papel”. Curiosamente, este último galardón debe su nombre al poeta del Norte Grande, Andrés Sabella, con quien Valenzuela compartió durante el impulso cultural que ambos dieron a la Universidad del Norte en los años 70 y 80.

La pintora Alicia Guzmán conoció al maestro en 1997. Ese año tenía una exposición en la UCN y el académico la invitó a participar en la muestra “Cristo en el Arte”, actividad que había creado a fines de los 70 y en las que siempre buscaba reunir a los artistas locales.

Guzmán confesó que “es un duelo bastante grande, algo que no esperábamos, a pesar de su edad y su enfermedad. Como personalmente compartí tanto con él, lo siento mucho. Conocí a toda su familia, participé en todas las actividades que hizo y para mí su partida ha sido bastante dolorosa”.

La pintora explicó que el académico era como una enciclopedia que mantenía conocimiento de lo que pasaba tanto en el norte de Chile como en el resto del mundo. Su obra, apuntó, es un legado enorme que será difícil de superar. Sin embargo, Guzmán quiso destacar sus cualidades humana, una persona generosa, que nunca hizo diferencias con nadie y siempre valoró el arte de todos quienes querían integrarse a alguna exposición. “Eso tiene un significado muy importante, no dejó a nadie afuera, siempre apoyó, fue muy generoso, amable y cordial. Más que un maestro, era como un papá del arte, al menos así lo siento yo”, dijo Alicia.

También sostuvo que en su trabajo artístico Valenzuela destacó la identidad del norte y el amor a su familia. “En sus pinturas jugaba con colores primarios, tenía sus caracoles, el sol, la luna, las estrellas, el espacio, todo graficado de una manera muy personal. Una obra de Waldo Valenzuela será reconocida siempre, porque es su paleta, es su estilo”, subrayó Alicia Guzmán.

“ERA QUIEN LLAMABA A LOS ARTISTAS A ENCONTRARNOS”

El pintor y muralista Luis Núñez aseguró que Antofagasta sin duda pierde a uno de los personajes más importantes en las artes. “Es el padre de la plástica antofagastina y quizá regional. Perdemos a la persona, pero nos quedamos con su trabajo, su obra que no solamente es la parte plástica, sino que también es social. Él fue una de las pocas personas que logró aglutinar agrupaciones de pintores, de artistas y convocarnos anualmente a eventos culturales, exposiciones como “Cristo en el Arte”, en la Universidad del Norte o en el Liceo Experimental. Era quien estaba llamando a los artistas a participar, a encontrarnos con el quehacer regional de la plástica”, recordó.

En su rol como formador, añadió, era alguien que tendía puentes, daba la mano para guiar en el camino de cómo enfrentar el mundo de la plástica que es complejo y difícil.

“Planteaba que había que ser valiente, disciplinado, te entregaba herramientas. No soy el más indicado para plantear su obra. Está en lo surrealista, en sueños, en el espíritu y en eso cada uno tiene asimilar cómo llega a esa obra. Invitaría a reflexionar frente a ella, sobre la técnica o qué quiso decir eso es de cada uno, Waldo era el maestro y tengo mucho respeto por su trabajo”, reflexionó Núñez.

“SU OBRA ABRÍA ESPACIOS”

La artista plástica especialista en mosaicos y cerámicas, Nanda Yasoda, expuso que la partida de Waldo Valenzuela no solo deja un vacío en el ámbito artístico, sino que también en el tejido humano que supo construir a lo largo de su vida. “Waldo fue, ante todo, una persona que creyó en la unión. No como una idea abstracta, sino como una práctica concreta: en el encuentro con otros, en el trabajo compartido, en la convicción de que el arte y la vida se construyen en relación. Su manera de estar siempre tendía puentes, generando cercanía incluso en contextos diversos”, remarcó.

Yasoda indicó que el trabajo artístico del formador da cuenta de esa misma sensibilidad, porque en sus procesos había una búsqueda honesta, donde la materia, el color y el gesto no eran solo recursos formales, sino caminos para pensar y sentir el mundo.

“Su obra no imponía respuestas; abría espacios. Y en ese abrir, había también una invitación a compartir, a mirar juntos, a construir desde lo común. Entendía, quizás de manera intuitiva, que el arte no es solo un objeto, sino una experiencia que ocurre entre las personas. Por eso su legado no se limita a lo visible, sino que habita también en las relaciones que ayudó a tejer, en las conversaciones que provocó y en los encuentros que hizo posibles”, rescató la ceramista.

La ausencia del académico se siente, admitió la artista, pero también se reconoce su huella en aquello que permanece, en la necesidad de seguir construyendo comunidad, en la importancia de sostener lo humano en medio de lo cotidiano, en la convicción de que el arte puede ser un lugar de encuentro. “Su partida no es solo una despedida, sino también un llamado a continuar desde ese lugar: el de la unión, el de la sensibilidad compartida, el de una humanidad que se construye entre todos. Waldo Valenzuela permanece en esa tarea”, apreció Yasoda.

LA MÁXIMA EXPRESIÓN DE UN ARTISTA

El director regional del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, Claudio Lagos, dijo que más allá de la técnica pictórica y la profundidad del arte del maestro, que era de “una calidad enorme”, también estuvo su función como forjador de un ramillete de artistas, y no solo de pintores en la región.

“Muchos lo tomamos como un referente desde que era nuestro profesor en el colegio. Había paz y sabiduría en sus palabras y un compromiso con la educación. Forjó exposiciones como ‘Cristo en el Arte’, ‘Salón de Mayo’ y hasta ahora mismo estaba en la curaduría del ‘Cristo en el Arte’ que se inaugura la próxima semana y creo sigue en pie y sacarán adelante sus hijos con el Liceo Experimental Artístico. Era un hombre que fue parte de las raíces del arte en la región de Antofagasta y eso es un valor que ningún artista actual puede esgrimir. Tenemos tremendos artistas que han generado grandes huellas, pero Waldo Valenzuela estuvo a un nivel de generosidad con su conocimiento que lleva a que su pérdida sea irremplazable”, detalló Lagos.

El director regional finalizó contando que la imagen que guarda de su profesor es de un maestro de gran sabiduría, que hablaba mucho, pero nunca de más. “Lo que decía tenía certeza, profundamente religioso, muy cariñoso con su familia, amigos y alumnos. Íntegro en el estricto sentido de la palabra, la imagen que llevo de él es lo que debería ser un artista en su máxima expresión”, concluyó Lagos.

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