El director del Centro de Investigación y Mitigación de Catástrofes Naturales de la Universidad de Antofagasta, Jorge Van Den Bosch, clasificó como un terremoto el movimiento telúrico de magnitud 6.9 ocurrido la tarde de ayer en la Región de Antofagasta. El evento registrado a las 17.52 horas dejó más de 20 mil hogares sin suministro eléctrico en Calama y su epicentro estuvo a 20 kilómetros al noreste de la capital de El Loa. Las autoridades informaron que no hubo daños de gravedad ni en infraestructura ni en la población.
El geógrafo hidrólogo aseguró que una primera diferencia entre un sismo y un terremoto se encuentra en su magnitud y la cantidad de cosas que ocurren en su desarrollo. El académico resumió que un sismo fuerte normalmente genera susto en la comunidad, en un terremoto caen cosas y hay daño o destrucción. En este caso, agregó, lo más probable es que exista daño, ya sea en tuberías o pozos subterráneos. También recordó que Chile al ser un país altamente sísmico, estamos «mal acostumbrados» a creer que ciertos hechos son temblores, cuando en realidad son mucho más intensos.
“Lo que ocurrió fue un terremoto, definitivamente. De inmediato, el Sistema Internacional de Alertas de Tsunamis generó una alerta porque superó la magnitud 6.5. A pesar de que estaba muy adentro del continente, por protocolo, generaron una alerta internacional. Es probable que el evento llegara 6.8 o 6.9, lo más razonable sería un 6.7, pero ya hablamos de un terremoto y no un sismo fuerte”, recalcó. Al mismo tiempo precisó que debido a su lejanía y profundidad, no tiene las condiciones para generar un tsunami.
Van Den Bosch dijo que la profundidad fue de unos 110 kilómetros, aproximadamente, lo que significa que es un terremoto que intraplaca de profundidad intermedia. Esto, en general, corresponde a un movimiento donde se rompe la placa y que es de mucho cuidado porque aceleran muy fuerte su parte de arriba, el área cercana. “Los sismos que ocurren en la costa no aceleran de esa manera el piso. Entonces, normalmente las casas son sacudidas con violencia. El de Chillán, donde hubo casi 30 mil muertos, fue del tipo intraplaca de profundidad intermedia; el de Iquique, en la zona alta, también”, ejemplificó el académico.
Esta es la gran particularidad de estos eventos, añadió, que sacuden muy fuertemente el área y a ello se suma que asustan mucho a quienes viven en un área lejana.
“Esto sucede por la onda P, que es la que llega primero, en aproximadamente 25 segundos, tiempo en el que el movimiento no para y la gente se angustia porque no se sabe lo que viene y luego recién llegan las ondulaciones, no sacudidas. En total son unos 35 segundos, más de medio minuto y la gente con 15 segundos ya se asusta, con 30 entra la angustia y con un poco más se enfrenta al estado de pánico, porque no para de temblar”, detalló.
El director del centro universitario sostuvo que este tipo de terremotos son muy raros y que hay registros de uno a mediados de la década de los 60. Tras el episodio, continuó el académico, su preocupación está en el Embalse Conchi, ubicado cerca del área. El embalse tiene sus años y en algún momento podría dañarse, advirtió. A pesar de que es pequeño, desde el punto de vista de los terremotos, sí está cerca y cuando eso pasa las aceleraciones son muy fuertes, señaló.
“Espero que las réplicas sean de 4.5, a 5 grados, con lo cual estaríamos tranquilos. El hipocentro está a 110 kilómetros de profundidad, ése es el inicio de la declinación de la placa, después se sumerge más o menos a la altura de San Pedro de Atacama la placa ya tiene 200 kilómetros de profundidad. Ahí empieza la inclinación, que es como el mantel que está en la mesa y en la parte del canto de la mesa estaría Calama. Nuestra preocupación es que ese sea un tirón a la placa y que pueda progresar en otro tirón más al sector cordillerano. Lo más probable en el futuro cercano es que ocurra algún sismo en la zona baja de la cordillera. Veremos de qué se trata, de todas maneras, es un evento único, hace mucho tiempo que no ocurre ahí”, explicó.












