A los cinco años ingresó a un hogar del Sename. Antes de eso dormía en la calle junto a una madre con consumo problemático de drogas. A los 12 años comenzó a consumir sustancias ilícitas y al año siguiente ya cometía delitos para sobrevivir. A los 15 intentó quitarse la vida y poco después era buscado para ser asesinado.
Esa es la historia que Juan Araya decidió contar en su libro «Del Sename a la vida que siempre soñé», un relato autobiográfico que busca demostrar que incluso las infancias más vulneradas pueden cambiar cuando aparecen el cariño y las oportunidades.
Durante una entrevista en el podcast Un Día Menos de Timeline, el escritor relató cómo pasó de una infancia marcada por el abandono a construir una familia, desarrollar una carrera laboral y comenzar estudios universitarios.
«A los 15 años me buscaban para asesinarme»
Araya recordó que durante su adolescencia sentía que solo tenía dos destinos posibles: la cárcel o la muerte.
«A los 15 años me buscaban para asesinarme. Ese era el camino mío, o sea, yo me moría o me iba a la cárcel», relató.
Creció en una de las poblaciones más conflictivas de Arica, rodeado de violencia, drogas y delincuencia.
«Mucha gente me decía que yo iba a vivir hasta los 15 años. Yo pensaba que iba a llegar hasta los 18 y después ya no seguía. No había más para mí», recordó.
Fue entonces cuando decidió abandonar la ciudad y trasladarse a Antofagasta, una decisión que marcaría el punto de inflexión de su vida.
«Lo único que necesitábamos era cariño»
Durante la conversación, Araya planteó una profunda reflexión sobre la realidad que viven miles de niños vulnerados y cuestionó que el debate público se concentre únicamente en aumentar las sanciones penales para menores de edad.
A su juicio, detrás de muchos jóvenes infractores existen historias de abandono, violencia y ausencia de afecto.
«Lo único que necesitábamos era cariño. Si a un niño lo tratan mal, no esperemos que responda bien. Si uno le da un abrazo, ese niño aprende a crecer con cariño», afirmó.
Asimismo, sostuvo que muchas veces se responsabiliza exclusivamente al Estado, dejando fuera el rol que cumplen las familias.
«¿Dónde están los padres de esos niños? En mi caso, mis papás eran responsables de mí y dejaron que pasara por todo lo que pasé», señaló.
«Ella fue la primera persona que creyó en mí»
El cambio comenzó cuando conoció a quien hoy es su esposa. Según contó, fue la primera persona que le entregó afecto incondicional y que le hizo creer que podía construir una vida distinta.
«Ella fue la primera persona que creyó en mí. Fue la primera persona que me dijo algo positivo. Me ayudó a mejorar y me llevó incluso a terapia psicológica», recordó.
A partir de ese momento comenzó a trabajar en la construcción, pese a no tener experiencia. «Le dije al jefe que no sabía hacer nada, pero que iba a ser papá y necesitaba trabajar. Él confió en mí y me dio la oportunidad»
Con el tiempo ingresó a la minería, donde actualmente se desempeña como operador de maquinaria, mientras cursa el tercer año de Ingeniería en Minas.
«Cariño y oportunidades»
Para Araya, su historia demuestra que el cambio es posible cuando alguien entrega una oportunidad.
«Yo soy el claro ejemplo de que es así. Mi esposa me entregó cariño y la primera persona que me dio trabajo confió en mí. Eso es lo que deberíamos entregarles a todos los jóvenes que están pasando por lo mismo», sostuvo.
Añadió que el acompañamiento no debe terminar cuando un joven cumple 18 años y deja el sistema de protección o la justicia juvenil.
«Cuando salen no tienen nada. Hay que seguir apoyándolos, ayudarlos a estudiar, a encontrar trabajo, a tener una oportunidad», planteó.
Un libro para dar esperanza
«Del Sename a la vida que siempre soñé» fue publicado de manera independiente y es distribuido directamente por su autor.
Más que relatar una historia personal, Araya espera que el libro sirva para entregar esperanza a quienes sienten que no tienen futuro.
«Nunca es tarde para volver a empezar. Mi historia demuestra que se le puede ganar a la vida», afirmó.
El escritor aseguró que hoy no mide el éxito por el dinero, sino por la familia que logró construir.
«Ser millonario para mí es llegar a mi casa, ver a mi esposa y a mi hijo. Yo vengo de una vida donde no había nada. Hoy tengo una familia y un hogar. Para mí eso ya lo es todo», concluyó.










