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miércoles, julio 6, 2022

Alejandro Gutiérrez, urbanista: “Hay mucha gente de Antofagasta que le ha dado un valor a su entorno y esa narrativa hay que levantarla”

El arquitecto fue el primer director del Creo Antofagasta y es parte de una compañía de ingeniería y planificación que trabaja en 37 países. Sobre las prioridades de la ciudad, aseguró que “si tuviese que poner mis fichas en algo sería en el reúso de las aguas servidas tratadas para riego urbano”, lo que permitiría aumentar el stock de espacios públicos, pero de una manera sostenible.

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El arquitecto Alejandro Gutiérrez, el primer director del plan Creo Antofagasta, organización articuladora de iniciativas público-privadas, recordó que en el año 2012 ya habían identificado que la ciudad era vista como un polo para desarrollarse laboralmente, pero que no era elegida por profesionales del país para buscar una mejor calidad de vida. El urbanista sostuvo que la comuna tiene un atractivo único, en sus 30 kilómetros de borde costero el punto más lejano del mar está a solo 2.5 kilómetros de un sector que avanza en equipamiento comunitario. A esto se suma el desarrollo de la región, que se diversifica de la minería hacia la generación de energía limpia con todo el impacto que ello trae en la cadena productiva y en educación, destacó que la zona no está bajo el promedio nacional.

Aunque en salud la situación es más compleja, Gutiérrez dijo que aquello es algo que afecta a todas las regiones y a nivel general, aseguró que existe la sensación de que Antofagasta es una ciudad de paso para una parte de la población, pero no para todos. “Hay mucha gente de Antofagasta que le ha dado un valor a su entorno y esa narrativa hay que levantarla, porque no está tan visibilizada y solo una parte de la población es flotante”.

Durante esta jornada, CREO Antofagasta presentará su plan maestro en Filzic y el primer director la organización, Alejandro Gutiérrez, dará la charla “Planificación para mejores ciudades”. El arquitecto trabaja para la compañía Arup que presta servicios de ingeniería, planificación y gestión de proyectos en 37 países.

Desde su experiencia, el profesional afirmó que “los planes son importantes, porque cualquier autoridad los puede usar como herramientas y no son mono lineales o mono temáticos, cuentan con ejes de desarrollo, como el plan del Creo que tiene cinco ejes y cada uno tiene varias iniciativas. Entonces una autoridad nueva o un ministerio a través de sus seremis quiere desarrollar algo específico, si está dentro del plan puede darle prioridad con ciertas iniciativas. También eso es un test para el plan, para ser inclusivo de aquello que la ciudad quiere ejecutar”, explicó el profesional.

  • ¿Cómo fue la experiencia de partir con Creo Antofagasta y cómo observa la ciudad desde aquella etapa hasta ahora?

Fue una experiencia fantástica, en muchos sentidos fue única y pionera en Chile. Un acuerdo de colaboración y articulación público-privada de largo plazo era algo que no se había visto hasta esa fecha. Siempre había iniciativas puntuales en reacción a un terremoto o algo específico y la idea de generar una alianza entre el sector público, privado, la comunidad y universidades, apoyadas en un largo plaza para mejorar una ciudad, en este caso Antofagasta, fue algo único y creo que lo sigue siendo, no hay ninguna iniciativa de esta envergadura.

En lo personal me permitió traer y aplicar algunas de las experiencias que tuve fuera de Chile y desde el punto de vista del impacto en la ciudad, ha cambiado y como en todas partes del mundo, se añaden o modifican los problemas importantes. Recuerdo con mucha claridad que, en el inicio, en el 2013, el tema de los campamentos era algo marginal, porque todavía no existía una fuerte migración. Pero el 2015 y 2016 apareció fuertemente y hoy es un tema prioritario. Eso refleja que estas iniciativas de alianza tienen que adaptarse en el tiempo para resolver los problemas de las ciudades en sus respectivos momentos que operan.

Hay temas que quedaron instalados, la sostenibilidad, mejorar los barrios, hacer de la ciudad un lugar con mejor calidad de vida para que sea atractiva y equitativa para todos, énfasis que sigue existiendo. Se pueden trazar líneas maestras para el desarrollo de una ciudad, pero es inevitable encontrarse con la contingencia.

La planificación trata de anticiparse a los conflictos y resolverlos antes. Quizás es una de las grandes brechas que hay entre los países que lo hacen mejor y quienes no lo hacen muy bien. Una característica de los países desarrollados es que la planificación urbana es más o menos seguida, si uno define una zona de crecimiento en una ciudad, en el tiempo efectivamente se convierte y en el caso de nuestros países eso sucede parcialmente. Solo como ejemplo, los campamentos están ubicados en zonas que no están planificadas para crecimiento. Esa brecha no tiene que ver con magia o incapacidad cultural, sino con los instrumentos de planificación y el nivel de condiciones base que tiene esa comunidad. Si tiene una demanda de viviendas que no logra satisfacerse, la gente lo resuelve por sus propios medios. La provisión de viviendas, el suelo urbano, su característica, debe ser pensado con más precisión y entiendo, porque no he seguido la Constitución en detalle, que eso se está abordando a nivel macro.

  • Desde su época como director de Creo Antofagasta, ¿qué ha mejorado en la ciudad?

Todos los temas siguen, el punto es que en algunos pudieron avanzar más que otros. La ciudad sigue teniendo la connotación de una fuerte especialización hacia la minería y ahora está apareciendo energía como otra gran industria, lo que es fantástico. Espero que eso diversifique la economía de la región y genere más resiliencia económica en el tiempo, lo que trae diversos tipos de empleo, necesidades de mano de obra y técnicos especializados que desarrollan un atractivo distinto. En esto hay un avance gigantesco y tener la planta termo solar más grande de Latinoamérica es una señal gigantesca de que la economía de la región y de Chile se diversifica y no en cualquier cosa, porque pudo ser en otra cosa, pero lo es en energías renovables, lo que tiene un valor único para los próximos 50 años. La región debería incentivar, con todo el instrumental que existe de políticas públicas, que esto se desarrolle y acelere aún más. Ahí veo un espacio en el que ha crecido la región y la ciudad tiene que capturar eso.

Desde el punto de vista más urbano creo que hay grandes avances en instalar la percepción de que el borde costero es el atributo principal de la ciudad. Se han hecho cosas interesantes como los juegos del mar, que se suspendieron por la pandemia, se materializó la playa La Chimba. También se hicieron esfuerzos con el Gobierno Regional y la municipalidad para continuar con los otros tramos de ese borde, lo mismo con pequeñas plazas en las zonas de mayor necesidad que han demostrado ser intervenciones útiles para generar confianza y mayor calidad de vida. La última vez que vine, el 2019, vi que los espacios en infraestructura se han mantenido bien en el tiempo porque fueron codiseñados con las comunidades y eso da un mensaje claro de que el codiseño genera apropiación y sostenibilidad en el tiempo, lo que es el camino para hacer las cosas bien.

  • ¿Y en qué áreas falta por avanzar?

Como Creo en su minuto planteamos el reúso tratado de las aguas servidas de la ciudad y hay un espacio gigantesco de desarrollo sostenible, de generación de espacios públicos, de reponer nutrientes en el suelo de Antofagasta y utilizar eficientemente un recurso que es escaso. Es una oportunidad para un proyecto que tiene demasiadas ventajas en distintos ámbitos como para no hacerlo y si tuviese que poner mis fichas en algo sería en el reúso de las aguas servidas tratadas para riego urbano. Esto, siguiendo el modelo de países líderes como Israel, cuya empresa de agua vino invitada por el Creo hace unos seis años y tenemos las mismas características climáticas, geográficas para tener esa necesidad. Ellos nos mostraron que básicamente no botan una gota de agua al mar y el reúso de las aguas servidas es algo obvio en una ciudad donde falta este recurso fresco. La desalinización es una tecnología válida que resuelve problemas y hay que utilizarla, pero usar las aguas servidas es un más efectivo para riego urbano. Los efectos serían positivos, disminuiría el costo de producción de agua para riego porque hoy se ocupa el agua potable, se dejaría de botar al mar agua que está dentro de la norma y podría generarse un stock de espacios públicos más amplio que tienen sostenibilidad económica por un costo de agua más bajo y eso genera beneficios sociales y ambientales importantes.

  • Antofagasta encabeza los sondeos entre las ciudades con mejores condiciones para el desarrollo laboral, pero ¿qué falta para que se transforme en un lugar que un profesional elija para priorizar su calidad de vida?

Eso fue identificado en el inicio del plan, en el 2012-2013 y el tema de la calidad de vida está asociada a muchas variables. Una es la calidad de la ciudad desde un punto de vista físico, el borde costero en ese sentido sigue siendo una apuesta y de a poco se ha avanzado en equiparlo. Es algo único tener un borde costero de 30 kilómetros de largo, que, además, está cerca de cualquier parte de la ciudad, los puntos más lejanos son 2.5 kilómetros. No es como Los Ángeles, California, donde tienes una distancia similar de frente, pero la ciudad tiene 50 o 60 kilómetros de fondo y no tienen la misma disponibilidad de uso de esos espacios. Focalizar el esfuerzo de activar el borde costero con equipamientos comunitarios, deportivos, accesos, desde mi punto de vista, es un elemento fundamental. Después están hay cosas de ámbitos distintas al Creo Antofagasta, como la provisión de salud de calidad, lo que siempre ha sido un tema difícil en las regiones de Chile por los especialistas.

En educación, las universidades, liceos, escuelas y colegios diría que no tienen una gran brecha, por lo que recuerdo en eso Antofagasta no está bajo la media nacional. Y luego está la permanencia a nivel más cultural, que es la sensación de que la ciudad para una parte de la población es un lugar de pasada, pero no para todos, creo que hay un tema de narrativa. Hay mucha gente de Antofagasta que le ha dado un valor a su entorno y esa narrativa hay que levantarla, porque no está tan visibilizada y solo una parte de la población es flotante.

Otro punto importante es la diversidad laboral para que, si vienes por una actividad y quieres cambiar de sector, puedas hacerlo. Con las energías renovables se genera ese espacio, esas opciones de trabajo para capturar las distintas partes de esa cadena productiva, desde la investigación y desarrollo con las universidades locales, hasta la aplicación, monitoreo y mantención de las tecnologías. La economía ya se diversificó a ese ámbito y lo que debe hacer la ciudad es capturar ese valor para tener más atractivo, para que quienes son flotantes se queden más tiempo y se radiquen.

  • ¿Qué obstáculos enfrenta el desarrollo urbanístico?

En el país lo más importante son los planes de largo plazo, los que tienen etapas que deben conseguir financiamiento continuo para su desarrollo. Es tratar de buscar un mecanismo que no sea demandante de mucho tiempo, articulación y de generar voluntades, como los convenios de programación. Si pudiéramos asegurar y formalizar estos convenios más fácilmente, para que fueran multianuales asociados a un programa de mejoramiento de diez años, con revisión cada tres años. Tenemos un espacio ahí para conectar un plan de desarrollo de ciudad con un plan de financiamiento público y privado en los que se alineen todos los entes para trabajar bajo un conjunto de programas validados por la comunidad. Esa es una brecha importante que vemos en Chile y creo que, en alguna medida, el plan Creo Antofagasta trata de ayudar a disminuirla. Obviamente no es perfecto, pero es lo que intenta hacer y lo ha conseguido en gran medida.

  • ¿Qué tan perjudicial es para esta planificación el cambio de autoridades lo que muchas veces involucra el congelamiento de proyectos o que algunos simplemente dejan de priorizarse?

Por eso los planes son importantes, porque cualquier autoridad los puede usar como herramientas y no son mono lineales o mono temáticos, cuentan con ejes de desarrollo, como el plan del Creo Antofagasta que tiene cinco ejes y cada uno tiene varias iniciativas. Entonces una autoridad nueva o un ministerio a través de sus seremis quiere desarrollar algo específico, si está dentro del plan puede darle prioridad con ciertas iniciativas. También eso es un test para el plan de ser inclusivo de aquello que la ciudad quiere ejecutar. Es importante tener cierta coherencia e ir reflejando aspectos como los campamentos, que son una realidad que no estaba el 2012 y eso el plan lo ha recogido. Los planes deben ser coherentes, tienen que mantenerse en el tiempo y tener un grado de flexibilidad para que las autoridades los utilicen y construyan la ciudad.

  • El terreno del ex basural La Chimba es una herida abierta en la comuna. ¿Cuál cree que sería una solución definitiva, entendiendo que la apertura del relleno sanitario no terminó con la acumulación de basura y las quemas?

En ese contexto en el corto plazo hay un tema de fiscalización y de herramientas, que están, pero sin la capacidad humana de controlar porque no hay recursos suficientes para ello. Luego se necesita un proyecto que haga de ese lugar un sitio que la comunidad valore y, por lo tanto, proteja ese entorno. En todo el mundo tenemos ejemplos notables de ex vertederos reconvertidos a parques y eso tiene que acelerarse.

  • En transporte, ¿necesita la ciudad con urgencia otra vía estructurante con una extensión como la costanera que recorre de norte a sur?

Sí y no. Existe vialidad que podría convertirse en vía estructuran en la zona intermedia de la comuna, que podría tener un perfil distinto. Hacer una obra ex novo en el borde superior de la ciudad (circunvalación) implica un costo muy alto y preferiría invertir en un buen transporte público, re perfilar las vialidades que podrían convertirse en estructurantes con un costo menor, mejorando una ciudad que ya existe. Esto, en lugar de poner algo en el borde de la ciudad que generará presión por crecimiento al otro lado.

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