18.4 C
Antofagasta
sábado, 3 diciembre, 2022

El fin del octubrismo y las alas del deseo

"Tres años después, la celebración del 18 de octubre fue vista con temor por parte de la mayoría de quienes poblaron alegremente un día las calles, buscando una sociedad más justa, más hermana y mejor. La pedagogía del miedo labrada en medio de una pandemia planetaria, había anulado el lazo ilusorio", Marcela Mercado R., Gestora Cultural

El 10 de octubre de 2019 la Academia Sueca anunciaba que la escritora polaca Olga Tokarczuk y su colega austríaco Peter Handke, eran los ganadores del Nobel de Literatura 2018 y 2019, respectivamente. El Nobel de Literatura no se había entregado el 2018 por un escándalo de abusos sexuales y otras denuncias que habían provocado la renuncia de siete de los 18 miembros del jurado.

Escuchar el nombre de Peter Handke como ganador nos remitía a una experiencia estética sin par, la película alemana de 1987, dirigida por Wim Wenders y de la que Handke había sido guionista: “Las Alas del Deseo”.

En Chile, para esa fecha, ya había acontecido la primera evasión masiva en el metro, liderada por estudiantes secundarios, en reclamo al alza del pasaje del metro. Las evasiones se sucedían una a otra y las noticias y videos se multiplicaban en redes sociales. Era un tipo de manifestación anómica, sin líderes conocidos y estábamos lejos de observar aquellos hechos como el Acontecimiento que daría inicio a una de las crisis políticas más severas que había vivido nuestro país.

Cuando en la sociedad globalizada donde vivimos, los valores dominantes se naturalizan, se presentan, entonces, como figuras indiscutibles de la felicidad, la exaltación del consumismo, cierto individualismo con un supuesto rostro humano o un polémico multiculturalismo que disfraza el pensamiento único de la cultura occidental.

La Berlín que nos presentan Wim Wenders y Peter Handke en la película “Las Alas del deseo” preanuncia un mundo mercantilizado, fragmentado en historias cada vez más aisladas, como si el lazo social no fuese más que los atisbos de encuentros de seres a la deriva. Testigos de esta decadencia son los ángeles, figuras que se presentan en blanco y negro, por detrás de las personas, escuchando sus pensamientos, sin la posibilidad de intervenir en la vida de la gente más allá de otorgarles una leve sensación de bienestar. Los ángeles observan el mundo humano tomando nota de aquellas situaciones que encuentran extrañas, diferentes, poéticas, como siquisieran desde su otro mundo dotar a la vida de belleza. Los dos ángeles protagonistas, Damiel y Cassiel están mostrándonos siempre que los ángeles no perciben, no poseen los sentidos exteriores y así, mientras observan un mundo en crisis, envidian conocer el sabor de un café, ver en colores o sentir un beso.

Las marchas de octubre se multiplicaron a través de todo el país. El malestar ciudadano se manifestaba en la ocupación de los espacios públicos con carteles diversos, creativos, ingeniosos. En Antofagasta las calles se atestaron de familias completas, madres con sus niños en cochecitos, los músicos se organizaron en La Bandita de la Resistencia, la Orquesta sinfónica realizó un concierto en el Paseo Prat, coros de liceos, llenaban las plazas, los afiches que invitaban a marchas estaban llenos de amor e ingenio: la rabia, el desasosiego se unía a un profundo y colectivo sentimiento de hermandad.

En “Las alas del deseo”, uno de los ángeles, Damiel entabla una relación con Marion, una trapecista de circo con quien cree poder dialogar en ese cruce sordo, pero sentido, de dos dimensiones que parecen entrecuzarse. La mirada de Damiel suele estar en lugares poco convencionales, visita asiduamente una biblioteca gigante, tratando de hilvanar tanta fragmentación en los relatos de quienes narran la historia. También se entromete en un set de cine donde se filma una película de la Segunda Guerra y se encuentra con un Peter Falk, interpretándose a sí mismo, que lo sorprende. Es que el gran deseo de Damiel es recuperar la capacidad de asombro, que parece haberse perdido entre los ángeles, pero para ello tendría que renunciar a su propia condición. La pregunta que urge es, ¿se puede renunciar a lo que se es sólo por amor?  O quizás es más complejo y se trata de entender que el amor es una excusa para poder dar un salto más profundo y transformarnos completamente? ¿Cuál es el deseo de las alas de los ángeles?

Las marchas y manifestaciones se extendieron y se enfrentaron a situaciones cada vez más violentas. La represión policial cobró centenares de ojos mutilados, ciegos, personas muertas y jóvenes presos producto de enfrentamientos. Surgieron miles de representaciones artísticas: las mujeres y el feminismo hallaron su lugar a través de las intervenciones de Las Tesis, que se realizaron hasta en los lugares más pequeños y apartados del país, denunciando que no existe “la mala víctima”, derrumbando uno de los discursos más enquistados en sociedades como la nuestra.

Marion declara que sólo cuando fluya el verdadero amor podría estar sola. Esto podría ser una metáfora de una sociedad que nos aturde con tanta información y nos invade en nuestra intimidad. Cuando todo se ha vuelto mercancía, sólo podemos resistir recuperando las sensaciones más primitivas: caricias, olores, sabores. El ángel Damiel vive fuera del tiempo y del espacio y es inmortal, pero prefiere avenirse a la imperfección. Prefiere sentir los labios de Marion a vivir el resto de la eternidad o quizás haya entendido que en ese beso efímero se esconde más eternidad que en el mismo cielo. El amor puede vencer a la muerte y no precisamente porque nos convierta en inmortales: el amor vence a la muerte porque dota de sentido a una vida que empieza y termina. Nos da la posibilidad de encontrar un hilo que nos salva de tanta soledad, fragmentación y aislamiento.

Tres años después, la celebración del 18 de octubre fue vista con temor por parte de la mayoría de quienes poblaron alegremente un día las calles, buscando una sociedad más justa, más hermana y mejor. La pedagogía del miedo labrada en medio de una pandemia planetaria, había anulado el lazo ilusorio. El “octubrismo” ése concepto nacido desde las elites para reducir un fenómeno que no fue capaz de explicar había llegado a su fin (octubre es un mes ligado a acontecimientos políticos a nivel mundial), sin explicar mucho las categorías del análisis político a que refiere, Pero los millones que estuvimos ahí, sabemos que fuimos protagonistas de un proceso mucho más complejo: fue una experiencia, un Acontecimiento que obligó a tomar una posición. Un Acontecimiento en el filósofo francés Alan Badiou es una categoría que, básicamente, plantea que un acontecimiento es algo que irrumpe en una situación que no está esperada y que hace trastabillar el estado de las cosas, lo esperable y que ese acontecimiento, que genera determinadas desestructuraciones de lo dado, luego puede generar un sujeto fiel a ese Acontecimiento. Eso no sucedió, las personas olvidaron: ése es el verdadero fin del “octubrismo”.

Amar es una forma de tejer sentido, nos recuerda el narrador al final del “Las Alas del deseo” Como el mismo Peter Handke, que escribe el guión de esta película, como cada uno de nosotros que cae junto a Damiel a la Tierra para ir en busca de nuestro amor.

COMPARTE ESTA NOTICIA

Deja una respuesta

¡Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img

Últimas noticias

En Semana de la Pyme se lanza iniciativa Sello de Buenas Prácticas

En el marco de las celebraciones Semana de la Pyme del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo se realizó...

Más artículos como este

close-link
close-link