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miércoles, agosto 10, 2022

El grupo curso y el apruebo

"En todo grupo curso, el paisaje siempre es variopinto. Si bien el grueso generalmente está conformado por personas abnegadas, laboriosas, estudiosas y solidarias, también están los -o que se creen- iluminados, dictadores o rupturistas; los desordenados, irresponsables y chacoteros, y -por qué no decirlo- los estúpidos y mentirosos", Fidel Castro, abogado.

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Si bien el texto final de la propuesta de Nueva Constitución Política de la República estará oficialmente disponible el mismo día en que la Convención se disuelva (hoy 4 de julio), lo cierto es que del examen del último borrador ya se tiene certeza de su contenido. Y a pesar que cumplió su encargo dentro del plazo establecido, lamentablemente la información y noticias que siguen circulado en medios y RRSS apuntan más a divulgar lo que se denomina excentricidades del colectivo, más que el producto que ha surgido de su debate democrático.

Haciendo reserva que, en efecto, no es estéticamente presentable que un convencional esté participando de una sesión bajo la ducha o, que otra convencional aparezca entregando dinero de su dieta a un trabajador -con foto de periódico incluida- o que, en no pocos casos, desde el gobierno anterior e incluso al interior de la misma se haya sistemáticamente boicoteado el proceso, descalificando decisiones adoptadas y difundiendo noticias derechamente falsas, es razonable sostener que la Convención al final de su trayecto destaca más por sus luces que sombras, y que tuvo la virtud de reflejar -acaso para algunos muy a su pesar- lo que realmente somos: un país muy diverso en busca de un horizonte que permita atender los graves problemas de desigualdad que nos afectan.

De todas las analogías y metáforas que se han ensayado, aquella que caracterizó a la Convención como “grupo curso” (Andrea Moletto), pareciera ser no sólo muy acertada, sino que lo suficientemente descriptiva para comprender los fenómenos que se producen dentro un colectivo diverso, que debió asumir la responsabilidad de presentar algo “diferente” a lo actual que, valga la pena recordar, desencadenó una profunda crisis política e institucional de la que aún no hemos salido.

En todo grupo curso, el paisaje siempre es variopinto. Si bien el grueso generalmente está conformado por personas abnegadas, laboriosas, estudiosas y solidarias, también están los -o que se creen- iluminados, dictadores o rupturistas; los desordenados, irresponsables y chacoteros, y -por qué no decirlo- los estúpidos y mentirosos. Es cosa que revisemos nuestra biografía académica y probablemente hasta le pongamos rostro a cada categoría. Entonces ver a la Convención como algo extraño a cualquier colectivo de personas, en que confluyen 154 mundos, historias y biografías diversas, simplemente es desconocer la realidad.

La Convención -fruto de movilizaciones, mutilaciones oculares, muertes y presos del estallido de los que hoy pocos se acuerdan- por su composición es el órgano que encarnó con mayor fidelidad la diversidad de Chile y permitió a los grupos históricamente postergados (mujeres, pueblos originarios, disidencias sexogenéricas, etc.) y a “las y los nadie” (Francia Márquez) participar como protagonistas de un proceso democrático y paritario. Aquí no fueron espectadores. Por ello, no es de extrañarnos y resulta absolutamente lógico e incluso previsible, que sus fervientes detractores sean, precisamente, las elites dominantes y los que formaban parte o se solazaban de la “isla” o “burbuja” pre-estallido. Empero, a pesar de ellos y contra todo su poder desplegado, este grupo curso, fue capaz en un breve plazo de entregar un texto final que se deberá plebiscitar, lo que constituye un logro innegable si se tiene presente el tiempo regular de tramitación de proyectos de ley por parte del parlamento (habitualmente años, salvo que los interesados/beneficiados sean los propios parlamentarios o partidos políticos, en cuyo caso, la diligencia y prontitud es extrema).

Entonces, y sin entrar por ahora en el contenido del texto final -que es bastante mejor que la del dictador- ¿Por qué debemos APROBAR la Nueva Constitución?. Mi razón genérica -y si se quiere procedimental- es una.

En el plebiscito de entrada, ganó la opción Convención Constitucional 100% electa (es decir, no quisimos parlamentarios metiendo mano en este proceso); paritaria y con participación de pueblos originarios en escaños reservados, y cuyos acuerdos requerían de una deliberación y debate democrático de sus miembros y el no poco exigente quorum de 2/3 de sus integrantes. Con estas reglas procedimentales el grupo curso cumplió su tarea dentro del plazo. Nadie puede desconocer ese logro.

La Convención no tenía por propósito -cual supermercado- redactar tantos textos como gustos de electores/consumidores hubiere. Su mandato fue proponer un texto cuyo contenido lograra consensos y acuerdos de mayorías significativas de acuerdo a los quórums de 2/3, a diferencia de todas las Constituciones anteriores, que fueron producto de un golpe de Estado o de una guerra civil, en que los “vencedores” además de aniquilar a sus opositores, les imponían “su” Constitución. Y ni que decir de la vigente, de origen espúreo, funcional al modelo neoliberal e impuesta fraudulentamente por la dictadura cívico-militar, como ya nadie desconoce.

Por ello, constituye una impostura y deshonestidad política de algunos convencionales y de cierta elite dominante invocar el trasnochado slogan de “la casa de todos” para justificar su inconsecuencia o falta de voluntad de cambios, no sólo porque el autor de ese concepto/metáfora (Patricio Zapata-DC) se presentó de candidato a convencional y no resultó electo (lo que permitiría concluir que su idea fue derrotada democráticamente), sino que particularmente porque este concepto no puede implicar unanimidad como lo pretendió sectores de derecha.

El contenido de la propuesta de Nueva Constitución, aprobado por 2/3 o más convencionales, nos permite -por vez primera- en la historia republicana de Chile presumir que este grupo curso, fue capaz de cumplir su propósito declarado en el prólogo: “Nosotras y nosotros, el pueblo de Chile, conformado por diversas naciones, nos otorgamos libremente esta Constitución, acordada en un proceso participativo, paritario y democrático.”. Para mí, eso es suficiente para aprobar. Si a ello le sumamos el contenido, las razones se multiplican, pero eso lo dejamos para otra ocasión.

Por ahora, no nos perdamos. Quienes estamos por el apruebo, debemos sumar voluntades. El verdadero hito político-histórico será la ratificación del proyecto de Nueva Constitución a través del triunfo del apruebo en el plebiscito de salida el día 4 de septiembre de 2022. Lo demás, es música.

1 Comentario

  1. Con el puro nombre “Fidel Castro Allende’s” me queda claro de quien viene la opinión, de un Comunista Neomarxista revolucionario, si el aprueba yo rechazo!

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