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viernes, 21 junio, 2024
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Columna de opinión

Lectura sugerida: “El Principito” de Antoine de Saint Exupery

"A la amada memoria de Andrés Berríos, hermano gemelo de mi amigo Felipe": Marcela Mercado, gestora cultural

A la amada memoria de Andrés Berríos, hermano gemelo de mi amigo Felipe.

El Principito es una novela corta publicada en la década del ´40. El narrador de la historia es un piloto que queda varado en el desierto de Sahara al averiarse su avioneta. El piloto parte narrando un pasaje de su niñez en que su imaginación le llevó a dibujar una boa tragándose a un elefante. El pequeño, orgulloso de su creación, se lo muestra a personas mayores. Éstos no lo entienden y le dicen que su dibujo no es otra cosa más que un sombrero. Desilusionado, el niño prefiere olvidarse de su pasión por dibujar y comienza a desempeñarse en otras disciplinas que los adultos le aconsejaron, serían más provechosas.

Al crecer, el niño se convierte en piloto y, tras la caída de su aeronave, se ve obligado a repararla de inmediato, ya que se da cuenta de que no posee suficientes provisiones más que para sobrevivir unos cuantos días.

En medio del desierto, sorpresivamente, aparece un niño al que el piloto nombra como el Principito. El pequeño le pide de inmediato que le dibuje un cordero, el piloto, extrañado por la petición del Principito, le muestra su dibujo de la boa y, al darse cuenta de que él no la cataloga como un sombrero, sino como lo que es, una boa con un elefante en su interior, el piloto descubre algo especial en aquel niño de cabellos rubios. Luego de varios intentos fallidos de dibujarle un cordero, el aviador opta por entregarle un dibujo de una caja, justificando que el cordero se halla dentro de ella. El Principito queda fascinado con esa versión, pues era justamente lo que había imaginado.

Luego de esto, el pequeño niño permanece en el desierto, haciéndole compañía al aviador, relatándole cómo llegó a la Tierra dese su planeta.

El niño rubio tenía por hogar un pequeño asteroide, al que procuraba minuciosos cuidados: le limpiaba los tres volcanes que tenía, cortaba los árboles que crecían desmesuradamente y preservaba una rosa que apareció en aquel planeta. El Principito adoraba esa rosa y pensaba en lo especial que ésta era, pero, con el paso del tiempo, la vanidad de La Rosa, empañó el cariño sincero que El Principito le profesaba.

Dado lo ocurrido, el Principito decide partir a explorar el Universo, en busca de sucesos y respuestas. En su travesía, el pequeño visita seis planetas antes de aterrizar en la Tierra. El primer planeta que visita es habitado por un rey solitario que solicita súbditos, en el segundo un vanidoso que anhela adulación; en el tercero, aparece un ebrio, deseoso de olvidar su embriaguez bebiendo cada vez más. En el cuarto planeta, se topa con un hombre de negocios que cuenta estrellas para poseerlas. Sucesivamente, conoce un farolero que gasta su tiempo encendiendo y apagando una luz sin tregua. Por último, llega la planeta de un geógrafo que registra todo lo existente a su alrededor.

A su paso por estos planetas, siempre partía desconcertado por lo extrañas que le parecían las personas mayores. Sin embargo, en el último viaje al planeta del geógrafo, éste descubre algo crucial, pues él le dice que su rosa es efímera y que, llegado su tiempo, desaparecerá.

Al poco tiempo, El Principito llega a La Tierra, ahí se encuentra con una serpiente que alardea de su poder destructivo. El Principito continúa su camino, quedando desencantado, al cruzarse con un jardín repleto de rosas, que le hacen ver que su rosa no es tan única como él creía. Pero no todo es malo, pues a poco andar, el niño se topa con un zorro que le da una gran lección.

El zorro le dice que el cariño es procedente del tiempo que se le invierte, que al domesticar lo desconocido, se convierte en lo amado. Al poco tiempo, el Principito domestica al zorro, se hacen amigos, pero la tragedia del niño aún continúa, pues tiene que despedirse de él y continuar su andanza. Relatando su encuentro con un par de personas más: un encargado de mover las agujas de ferrocarriles y un vendedor de píldoras para la sed, el Principito termina la narración de su llegada a La Tierra.

Han pasado varios días y el aviador sufre de sed, ya que sus provisiones se agotaron. Ambos caminan por el desierto tratando de buscarle una solución a tal dificultad. Para su fortuna, encuentran un pozo después de un rato. En el camino, el aviador descubre que ya hace un año que El Principito había llegado a La Tierra y que el pequeño buscaba, errante, el camino a casa desde entonces. El niño rubio le pide al piloto que le dibuje un bozal para su cordero y luego regrese a reparar su avioneta. El aviador acepta, prometiéndole volver a su encuentro una vez terminadas sus labores. Al día siguiente, el piloto retorna a las cercanías del pozo y encuentra a El Principito con una serpiente; la serpiente lo muerde, el aviador se aproxima al pequeño y se despide de él, ya que se hizo morder para regresar a casa, justificando que su cuerpo es muy pesado para llevarlo consigo.

Antes de partir, El Principito recuerda las palabras que le dijo el zorro, en su camino por el desierto: “lo esencial es invisible para los ojos, sólo se ve bien con el corazón” y “ el tiempo que has perdido con tu rosa es lo que la hace tan importante”.

Como muestra de su afecto, el aviador le recordará cada vez que mire las estrellas, que ellas reirán para él.

Al despedirse del relato, el aviador pide que si alguien ve a un niño risueño y de cabellos dorados, que se lo hagan saber, ya que ése es El Principito.

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