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viernes, septiembre 24, 2021

Mario Orellana y el tiempo presente Mapuche

"(Orellana) anota lo central de la problemática heredada y la que se ha erigido en la actualidad: La explicación de la incorporación de los territorios de la Araucanía, en tiempos de la República (siglo XIX) oscila entre un genocidio y una pacificación", José Antonio González Pizarro, Escuela de Derecho-Antofagasta UCN

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La situación actual en la macro zona sur, ha puesto de manifiesto tres aspectos que tienen raigambre con nuestra historia y con la contingencia política actual. Un primer elemento, es lo que acontece en las regiones donde la historia del pueblo mapuche- hábitat histórico y desarrollo de su cultura ancestral- se encuentra nuevamente en un tiempo convulsivo, distinto al que fue sometido de modo precedente por la intervención del Estado desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX. Es distinto, dado que estamos asistiendo a una reivindicación étnica sobre su hábitat histórico. Un segundo aspecto dice relación con la ocupación del territorio mapuche, en aras del afianzamiento del Estado nacional, y sus consecuencias, desde las reducciones de tierras para los mapuches y un proceso de asimilación cultural de los padrones impuestos por el Estado hasta la subasta, ventas y ocupaciones de las tierra en favor de la colonización tanto extranjera como nacional y, un último rasgo, es la clara conciencia actual a nivel país, del drama de violencia y procura de reconocimiento constitucional a las etnias originarias, que apunta a desvelar las causas del conflicto en el sur de Chile, entre el pueblo mapuche, base biológica de nuestro ser nacional, y el Estado de Chile, más allá de la seguidilla de gobiernos que han procurado, vía la Conadi, reparar en parte esta larvada tensión en el territorio meridional.

Dentro de los esfuerzos por arrojar luces al conflicto, ha estado la Universidad de La Frontera y la Universidad Católica de Temuco, desde la década de 1990. A título de muestras, la Universidad de La Frontera canalizó en 1994 en su revista Pentunkun,  un amplio diálogo y colaboración con intelectuales mapuches, como ser Elicura Chihuailaf, José Ancán, Juana Ñanculef, Héctor Painequeo, etc., y chilenos, como José Bengoa, María Ester Grebe, Jorge Pinto. Este último, ha formado una pléyade de historiadores en el tema, y es una de las voces más autorizadas en la comprensión del tema que nos ocupa; en la actualidad es director del Instituto de Estudios Avanzados para el Diálogo de Saberes Ta Iñ Pewan, de la Universidad Católica de Temuco.

En este contexto, Mario Orellana, Premio Nacional de Historia 1994, estudioso del periodo colonial chileno con varios libros imprescindibles, ha escrito El problema aborigen en Chile y el valor de la investigación histórica (Siglos XVI-XVII-XVIII), bajo los auspicios de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía.

Para Orellana, abordar el tema mapuche es pesquisar desde la llegada de los españoles y, dada la condición de ágrafa de la etnia, solo queda considerar los registros y escritos hispanos. La existencia de variadas interpretaciones sobre el tema mapuche, provenientes de las distintas disciplinas de las ciencias sociales. En la página 31, anota lo central de la problemática heredada y la que se ha erigido en la actualidad:

“La explicación de la incorporación de los territorios de la Araucanía, en tiempos de la República (siglo XIX) oscila entre un “genocidio” y una “pacificación”. La investigación histórica muestra que la verdad no se encuentra en estos dos extremos interpretativos. Tampoco la solución se halla en la creación de una nación independiente mapuche, ni en el sometimiento total, perdiendo su cultura, al estilo nacional chileno”.

Después de repasar cómo se enseñan en el sistema educacional chileno secundario y superior los pueblos originarios, hace notar que solamente desde el siglo XVIII es posible hablar del gentilicio de mapuche pues antes los pueblos estaban “segmentados”, la relevancia de los parlamentos y su significado, las denominadas “relaciones fronterizas”- una noción que introdujo en 1982 Sergio Villalobos-, etc. Orellana, un especialista de los cronistas de los siglos XVI- XVIII, revisa a estos autores descifrando las informaciones etnográficas que contienen sobre los mapuches, para concluir con un apartado intitulado “Reflexiones finales sobre la caracterización y evolución del conflicto indígena y una propuesta para su posible solución”, que corre entre las páginas 112-128.

Nuestro autor critica que en el seno de la comunidad académica se postule la existencia histórica de una nación mapuche, como de igual modo la incapacidad de los gobiernos chilenos de no llegar a un acuerdo en el complejo problema del “variado mundo aborigen-mestizo”, encontrando paradójico que entre los “actuales líderes mapuches, más de uno se declara miembro de un partido político que, no cabe duda, no pertenece al orden y costumbre cultural de los antiguos aborígenes”. Orellana llama a que los mapuches miren hacia su pasado, “reconozcan el valor de su “admapu” y se esfuercen por conversar y razonar (coyantun) con el gobierno de Chile para alcanzar un reconocimiento político-administrativo, un respeto profundo a sus normas y un gran apoyo para el desarrollo de sus actividades económicas”.

El historiador y arqueólogo que es Mario Orellana no se pierde en poner el acento en la génesis del conflicto: “cuando desde los primeros contactos se pretendió por parte de los que llegaban a territorios habitados y desconocidos, imponer normas, instituciones, creencias, valores, en suma su estilo de vida, su cultura”. Y en este contexto, nos recuerda, que, “en el pensamiento más profundo de la mayoría de los indígenas estaba el recuperar las tierras dominadas cada vez más por los chilenos-españoles, y gobernarlas según sus normas y costumbres”.

Sin esquivar la proyección del conflicto en la actualidad lamenta los actos violentos y la intención gubernamental por abordar el problema contingente, pero, anota, con coraje, “pero los verdaderos problemas no se tratan ni menos se solucionan”, para alejarse de la secuencia nefasta que se observa, en buscar soluciones “en el aplastamiento policial, ni menos militar, como tampoco el permanente accionar extremista de pequeños grupos ideologizados”. Constatar y reconocer que Chile siempre ha sido, en la realidad histórica, pluricultural y plurisocial y en esta pluralidad se debe considerar las contribuciones inmigrantes procedentes desde Europa y Asia, como también la variedad del mundo aborigen. El camino, según Mario Orellana, debe comenzar con una propuesta de solución gubernamental que tenga presente los antecedentes históricos y no los anecdóticos de nuestro presente.

Tal como lo advierte Iván Jaksic, Premio Nacional de Historia 2020, en el prólogo, el libro de Mario Orellana es un aporte al diálogo, “que resulta tan necesario en nuestros días, empezando por el examen de nuestra historia y de sus principales fuentes”.

 

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