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jueves, 18 julio, 2024
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Columna de opinión

Reflexiones sobre la Convención: De las buenas maneras

"No es tarea fácil, cuando nos dejamos llevar por mayorías circunstanciales que no sabemos cuánto perdurarán en el tiempo", José Antonio González Pizarro, Consejero Constituyente (IND-RD)

La semana pasada se formaron las cuatro comisiones de trabajo, que verán los distinto aspectos de la nueva Carta Constitucional, de ser aprobada. En tal sentido, dada la votación del 7 de mayo, la hegemonía que tienen las fuerzas de derecha es innegable. Hubo acercamientos informales desde los Republicanos hacia las bancadas de la centro izquierda/izquierda para sondear hipotéticamente qué nombres podrían ellos acoger como personas “moderadas” para presidir comisiones. Tales aproximaciones, salvo el candor de alguien, no iban a producir un cambio significativo en las presidencias de las distintas comisiones, pues ya se habían filtrado quienes las iban a presidir. 

En lo personal, me inclinaba, y así lo hice ver en la reunión de la bancada general de nuestro sector, por proponer un candidato/a  en cada comisión, aunque, sabíamos que íbamos a perder. Aquello mostraría nuestra intención, desde la minoría, a involucrarnos en el proceso constituyente, a estar presto a cualquier gesto y no se leyese falta de disposición de participar en tal elección. Podíamos ser motejados de no buscar el diálogo en tales conversaciones.

La política siempre tiene un doblez, tanto en los roles que se juegan como en el lenguaje. No fue acaso Maquiavelo quien señaló que quien desea ser un hombre bueno- en la política, ciertamente- se pierde entre tantos que no lo son. Y esto es válido para todos y todas. Se propuso mi nombre para presidir, desde nuestras sensibilidades políticas, la Comisión 2. Era de esperar que perdiéramos, ante la concertación de votos en el candidato republicano Antonio Barchiesi, por parte de la derecha toda, la antigua y la emergente. Igual resultado se produjo con los demás candidatos de centro izquierda ante los presentados por la oposición política al actual gobierno.

Empero, como advirtió José Ortega y Gasset, el espíritu deportivo no solo refleja el estado anímico, que permite avanzar a la humanidad, porque no procura finalidades utilitarias, dando lo mejor a cambio de nada. ¿Qué es lo que perseguimos en la Convención? Poder dotar de un documento que recoja nuestra mejor tradición republicana y democrática, partiendo de algo esencial de la “amistad cívica” que, desde Aristóteles, la hemos entendido como la búsqueda de la concordia y evitar la discordia cuando nos enfrentamos a la tarea de la carta constitucional. Esa amistad se recoge en gestos, actitudes que simbolizan el espíritu del cónclave que la ciudadanía nos ha convocado para que la representemos. Aquello que, en gran medida, desea suturar las grietas de nuestro cuerpo social, no implica inhibirse en planteamientos, perspectivas y miradas sobre diversos puntos que interesan a nuestro pueblo. Son las ideas y sus argumentaciones, razonables y plausibles de materializarse, las que llevamos a cabo en estos intercambios en las comisiones.

Combinando las reflexiones técnicas con la lectura política, en consonancia con lo que consideramos lo mejor para nuestras instituciones, procedentes de estudios diversos, pero, también, contextualizando las circunstancias políticas, de nuestra democracia y lo que aconseja un futuro adveniente. No es tarea fácil, cuando nos dejamos llevar por mayorías circunstanciales que no sabemos cuánto perdurarán en el tiempo.

Nuestra historia nos señala la frase pletórica de Radomiro Tomic, por el triunfo abrumador de la Democracia Cristiana en la elección presidencial de 1964 y en las parlamentarias de marzo de 1965 (el mayor triunfo electoral de un partido político), que lo llevó a exclamar: gobernaremos por los 30 años siguientes. En 1967 la realidad política le mostró cuán equivocado fue ese pronóstico. Las últimas elecciones que hemos tenido nos han señalado tal realidad.

La prudencia y el consenso, son las herramientas que nos deben enseñar cómo plantear la alquimia para, por un lado, entregar una carta constitucional que refleje las miradas contrapuestas que tenemos en la Convención y, más importante, que reflejen las inquietudes y las expectativas de nuestra ciudadanía. Solo podemos constatar que todas estas circunstancias son muy líquidas. Ese es nuestro desafío: construir algo cuya solidez pueda disolverse en el aire en cuarenta años más.

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