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martes, noviembre 30, 2021

Solo le pido a Dios

"El populismo es un mal de la política, su peor rostro (...) Pero el mal nunca gana por sí solo. Gana porque los “buenos” no hicieron lo suficiente", Cristian Zamorano, Doctor en Ciencias Políticas

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A medida que se avecina el día en el cual las chilenas y chilenos deberán elegir al próximo Presidente de la República, las declaraciones de los diferentes candidatos hacen tambalear el tablero político. Estos últimos días, las aguas se han revuelto y han enturbiado lo que hasta hace poco parecía ser bastante claro.

La derecha y la centro-izquierda han compartido el poder desde el fin de la dictadura con los resultados que todos conocemos. En estas elecciones, estos mismos bloques pretenden renovar esta lógica, y eso consistiría en una continuidad al actual sistema. Hay como una contradicción. Porque hubo algo que los partidos o sus candidatos no comprendieron, y que ha generado la irrupción de nuevas proposiciones que tienen el favor en las encuestas.

La centro derecha eligió a un independiente, con un pasado partidario “opuesto” al que hoy representa. El candidato Sichel que partió en esta contienda con el viento en popa, poco a poco los vientos fueron mermándose y sus seguidores empezaron a abandonar el barco. Sus torpezas políticas, errores no forzados, su pasado demócrata cristiano, un autoritarismo desentendido y poco justificable vistas las condiciones, terminaron por cortar los puentes con los partidos que él mismo representa. Los últimos episodios de esta saga, el llamado a la libertad de acción y su negativa para apoyar en segunda vuelta al candidato de la extrema derecha si este llegaba entre los dos primeros votados, cancelaron las pretensiones presidenciales del candidato del oficialismo.

Como dice el refrán, las aguas siempre vuelven a su curso original. Es lo que actualmente podemos observar en la derecha, que se despoja de su careta democrática y moderna, para vestir rancias posturas de la extrema derecha, que nos hacen recordar tiempos pretéritos. El candidato Kast, admirador del presidente brasileño Bolsonaro y de otros movimientos de extrema derecha como VOX de España, propone un programa que pareciera, para muchos, de otra época. Eliminar el ministerio de la mujer, estar hoy contra el aborto, considerar que es una injusticia mantener en la cárcel a personas condenadas por crímenes de lesa humanidad, afirmar perentoriamente que el derecho a la vivienda no existe, estar contra la gratuidad en la educación, promover un Estado cada vez más circunscrito y otras medidas del mismo calibre, no parecen ser medidas que van a convencer a la mayoría de los chilenos porque parecen estar en desfase con el diario vivir.

¿Cómo llegamos a que la derecha extrema aparezca hoy, para ese sector, como la mejor solución después de dos gobierno de una derecha que se quería más de centro?

Más allá del desempeño que tuvo Sebastian Piñera desde el 18-O, lo que fue una seguidilla de errores graves y grotescos que terminó dividiendo a los chilenos en vez de reunirlos, este no ha realizado los cambios anteriormente a esa fecha histórica, esos que él y su gobierno venían a realizar. Si en 2017, la (ex) Concertación obtuvo un pésimo resultado en las presidenciales, si la DC no fue capaz ni de alcanzar un 6% de los votos emitidos, si apostaron por un neófito como presidenciables que hoy navega a vista lejos de Antofagasta, esa ciudad que saludaba de vez en cuando en su periodo de gloria televisiva, es porque habían razones precisas y estructurales para aquello. Una cierta práctica del poder desgastó la mística, muchas veces usurpada o inflada según los casos, que este mismo conglomerado había creado. Y con el acuerdo tácito de la derecha. Quizás ocurrió aquello porque la mayoría de los chilenos quería creer en esa linda historia que le contaban de cómo un día en Chile se había recuperado la democracia. Érase una vez, un Chile donde la alegría ya vendría.

Esas practicas, la derecha no puso fin a aquello. Nadie lo ha hecho. Y como lo ”micro” siempre esta relacionado con lo “macro”, hoy en nuestra ciudad un tema de una gravedad enorme nos recuerda el peso que representa no haber terminado con esas prácticas. El encargado de los drones de seguridad de la Subsecretaria de prevención y delito en nuestra región fue detenido, junto con otras personas, con 25 kilos de marihuana, pasta base y cocaína. La persona encargada de vigilar los puntos de ventas de droga en la ciudad. Pero mas allá del hecho, más allá de que todos van a soltar a la persona involucrada, simpatizante RN, es urgente ver un poco más lejos y revisar, por ejemplo, las declaraciones políticas de las presidenta regional de Renovación Nacional como las del delegado presidencial. ¿Y qué observarán? Que lo menos que hacen es de realmente enfrentar la temática acá planteada, que no es menor en todo caso, ya que no estamos viviendo en Ciudad Juarez sino en Antofagasta.

¿Quién(es) había(n) verificado las credenciales de las personas que trabajaban en esa oficina? ¿Tenían los títulos profesionales adecuados e idóneos al cargo? ¿Estaban ahí por “pituto”? ¿Quién los contrató? ¿Quién ha renunciado después de que haya salido la noticia? ¿La jefa o jefe de ese servicio ha presentado su renuncia, porque si no la presenta en este contexto, cuándo? Todas las respuestas a estas preguntas, todo un sector las conoce. Los WhatsApp internos de los partidos del sector involucrado han estado procesando fotos y datos este fin de semana al igual que cuando en Instagram Cristiano Ronaldo publica una ecografía de sus futuros hijos gemelos.

Se sabe que varios ahí hicieron y hacían campañas por un candidato hoy en día aún en carrera. Y el intendente anterior a este actual, cuando tuvo la oportunidad de cambiar a ese equipo no lo hizo, sabiendo que los sueldos y los grados no correspondían a los títulos de las personas a cargo, lo que podía justificar una remoción. Miremos, hoy, el resultado. No solamente para ese sector, sino para la ciudad y la región.

Concluyamos por ende que aún, hoy en día, no se sale de una cierta manera de hacer política, de cómo se recluta y se mantiene gente dentro de la administración publica. Y eso concierne todos los sectores tradicionales, sobre todo los que ya han estado al poder, porque esos se mal acostumbraron.

A partir de ese postulado, no hay que sorprenderse que salga electo un alcalde maestro de las redes sociales y de esa lazo horizontal que le es corolario, sin filtro, que no presentó programa ni equipo pero quien prometió el final de ese mundo de “funcionarios apitutados”.

En la carrera presidencial, se promete el final de los operadores políticos, no más “cafiches” del Estado, habiendo sido cuatro veces seguido diputado. El populismo es un mal de la política, su peor rostro. Parafraseando al cantautor argentino Leon Gieco, “es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Abusa de ella. Pero el mal nunca gana por sí solo. Gana porque los “buenos” no hicieron lo suficiente. Y sin un traidor a la democracia puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente. Y ojalá, un día también, asuman sus errores. Soñar es vivir.

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