Este 14 de marzo, Escondida | BHP celebra 35 años desde su inauguración en 1991, un hito que impulsó el avance de la minería chilena y consolidó a Antofagasta como la capital minera del país.
Muchos creen que el nombre “Escondida” nació como una idea creativa, pero su origen es literal. Durante los primeros intentos de exploración en el Desierto de Atacama a comienzos de los años 80, el mineral simplemente no aparecía. Cinco campañas de sondajes en el llano de Zaldívar habían fracasado y la exploración estaba a punto de ser suspendida.
La historia cambió el 14 de marzo de 1981, justo diez años antes de la inauguración, cuando el geólogo chileno Francisco Javier Ortiz y su colega estadounidense David Lowell realizaron una última perforación en los faldeos del cerro Colorado Grande. A los 200 metros de profundidad, el pozo parecía estéril. Sin embargo, la presencia de limonita, un pequeño indicio mineralógico, los llevó a insistir.
Cuarenta metros más abajo, a los 240 metros, apareció finalmente el cuerpo mineralizado que se convertiría en el yacimiento de cobre más grande del mundo.
La inauguración fue en faena, encabezada por el ministro de Minería de la época, con la participación de autoridades regionales y líderes de la compañía. Para ese entonces Escondida operaba su primer rajo a cielo abierto, contaba con la planta concentradora Los Colorados y el Puerto Coloso, desde donde comenzó a realizar sus embarques de concentrado de cobre a distintos destinos del mundo.
Crecimiento
La década de los 90 fue de un crecimiento acelerado: se cosecharon los primeros cátodos, se inauguró el edificio corporativo en Antofagasta, comenzó el proyecto de la segunda planta concentradora Laguna Seca y los inicios del segundo rajo “Escondida Norte”. También partió la capacitación de las primeras generaciones de trabajadores en el Colegio Técnico Escondida, actual Centro de Entrenamiento Industrial y Minero, CEIM.
Ese camino de crecimiento sostenido continuó en las décadas siguientes y hoy se refleja en la magnitud que la operación ha alcanzado en 35 años, en los que ha producido más de 34 millones de toneladas de cobre. Escondida representa hoy cerca del 25% de la producción de cobre de Chile y el 5% a nivel global.
Para alcanzar este nivel de producción, Escondida opera dos rajos a cielo abierto —uno de ellos 100% autónomo—, tres plantas concentradoras con una capacidad total aprobada de 460 ktpd, dos plantas desalinizadoras que abastecen 100% a la operación, un puerto propio que supera los 2.400 embarques de concentrado de cobre, la pila de lixiviación de sulfuros más grande del mundo, energía eléctrica 100% renovable, entre otras características de escala mundial.
Su impacto se refleja también en su cultura y en las personas: tiene una dotación directa de 4 mil trabajadores y más de 11 mil colaboradores. La participación de mujeres alcanza un 44,3% con más de 1.700 trabajadoras directas; la representación indígena es de un 11,9% y personas con discapacidad llegó a un 2,9%, cifras que lideran la industria.
Sin embargo, no todo es producción de cobre. Desde sus inicios Escondida ha estado vinculada a la Región de Antofagasta, contribuyendo a su desarrollo y a sus habitantes en diversos ámbitos. En la actualidad, cuenta con un robusto portafolio de inversión social con pilares de trabajo que van desde la generación de capacidades, emprendimiento, educación y empleo, hasta la cultura, el deporte y el medio ambiente, por nombrar algunos.
Solo en el año fiscal 2025, sus iniciativas beneficiaron a más de 50 mil personas de la región. De éstas, 5 mil fueron capacitadas.
El desarrollo de proveedores locales también es un eje central. Actualmente, a través de su programa de Compra Local, la compañía cuenta con más de 2.200 pequeñas y medianas empresas regionales registradas. A la fecha, se han adjudicado USD 387 millones, a través de más de 46 mil órdenes de compra, mediante un sistema de enrolamiento simplificado y condiciones de pago a siete días.
Escondida también está preparando su futuro. En 2024 anunció un plan de inversiones por hasta US $10 mil millones con proyectos que le permitirán fortalecer la capacidad productiva en las plantas concentradoras y en el área de lixiviación, con el objetivo de mantener la producción dentro de los niveles actualmente aprobados.









