Chuquicamata fue fundada en el año 1915, con la función inicial de albergar a los jefes, trabajadores y obreros de la mina de cobre, pero con el pasar de los años acabó convirtiéndose en una pequeña ciudad que llegó a albergar 25.000 personas, contando con establecimientos y lugares emblemáticos para los chuquicamatinos, pero la población empezó a irse en los años 90 debido a los químicos tóxicos en la atmósfera provenientes de la instalación minera ubicada a solo 2 kilómetros de distancia. Para el año 2003 toda la población fue reubicada y el lugar fue oficialmente cerrado el 31 de agosto de 2007. Sin embargo, hasta hoy, todos los años en el mes de mayo se celebra el aniversario y las puertas se abren para que las personas visiten el campamento desierto.
La experiencia propia era la única manera de entender cómo se vivía en el campamento minero. Esa afirmación para los chuquicamatinos es totalmente verdadera, debido a que la ciudad de ‘Chuqui’ -como cariñosamente la llaman- supo crear un estilo de vida difícil de entender, fácil de querer e imposible de olvidar.
Todo esto se ve reflejado en los relatos de los antiguos habitantes de la ciudad.
«Aquí no existía la delincuencia»
José Chea Ramírez es nacido en Chuquicamata, vivó su infancia en Calama, pero laboralmente del año 79 hasta el año 2017, estuvo trabajando en ‘Chuqui’ casi 43 años.
«Era una vida donde había control de delincuencia, por ejemplo, aquí no existía la delincuencia. Había una garita de ingreso a la entrada de Chuquicamata, donde se hacían los controles. Entonces, aquellas personas que no eran de acá no las dejaban entrar. Y por eso este campamento se mantenía muy fuera de lo que es de la delincuencia. Así que la gente dejaba las puertas abiertas, no se preocupaba de cerrar o de poner candados. Muchas veces dejaba las bicicletas afuera y no pasaba nada porque era como una familia. Aquí hubo más o menos unas 30.000 personas viviendo acá en Chuquicamata antes del traslado a Calama. Así que la vida era una vida como una ciudad chiquitita, tenía su feria, tenía sus supermercados, que eran las pulperías, tenía dos o tres pulperías acá. Teníamos también bancos, estaba el Banco Chile, el Banco Estado, el Banco BCI».
José también recuerda que a gente los días domingo paseando en la plaza, escuchando la Banda Chile, que tocaba canciones contemporáneas donde la gente iba y se divertía casi como un paso obligado todos los domingos.
«Aquí hubo importantes eventos nacionales. En la época ya cuando era niño, vinieron a jugar primero al boxeo, grandes boxeadores. Vinieron grandes equipos de básquetbol de Estados Unidos, los primeros cantantes de la nueva ola de los años 60 se presentaban acá también, artistas que venían primero aquí a Chuquicamata y después se presentaban en otros lados. Así que hubo muchos hechos destacados, el mismo Cobreloa que jugó en el Estadio Anaconda también en sus inicios. Y olimpiadas, había muchas competencias entre faenas. Se hacía el Día del Minero, se hacían masivamente competencias, los desfiles, no había nada que ir a buscar a Santiago, estaba todo acá.

«Chuquicamata era una burbuja»
Sergio Valdecci Madariaga cuenta que este es un lugar para ellos, algo muy emblemático, porque esta fue la primera casa que formó la Escuela Industrial San José.
«Chuquicamata era una burbuja, porque todos nos conocíamos, a pesar de que había varios barrios, varios campamentos, todos nos conocíamos. Incluso en los colegios, en las reuniones, en todos los eventos que se hacían acá en el auditorio sindical, que fue un emblema de los trabajadores, los teatros. O sea, este fue un sitio emblemático, nos formó como personas humildes»
El icónico emporio ‘La Verbena’
Jorge Lira Solas es hijo de Alcides Lira, fundador de la Verbena, y de Juana Solas Osandón, su madre.
«Yo soy nacido acá en Chuqui, nací en la maternidad, donde están los carabineros, esa era el lugar donde nacían los niños antes del año 60, porque posteriormente nacieron en el hospital Roy H. Glover. Mi papá llegó a la edad de 8 años para vender en la calle y después trabajó con los yugoslavos, con los chinos, que en ese tiempo eran los que mandaban acá en ‘Chuqui’. Y ahí en el año 50 fundó el negocio, no como la Verbena. Primero tuvo una fábrica de calzado de seguridad, estamos hablando ahí del año 60-50. Y posteriormente, creó la Verbena, que es este local que siempre ha permanecido acá»

Jorge recuerda que «La Verbena es un lugar donde podías encontrar de todo. Se vendían repuestos para las casas, pestillos, tenía rotisería, conserva, cristalería, abarrotes y regalos. Este local sufrió una transformación en los años 80, en que se instala la primera máquina de Soft, como le llaman ahora a los helados en barquillo. Mi papá trajo los helados, las palomitas, los pollos al espiedo junto con la granadina y ahí Verbena se transformó. El emporio La Verbena es un lugar muy especial. Tú ves que entra la gente y todos se acuerdan de lo que compraban. Todos se acuerdan de lo que les gustaba»
También el frontis de este icónico lugar -cuenta Jorge- fue espacio de festejos cuando subió Cobreloa a la primera división, cuando Chile clasificó para el Mundial de Francia, cuando ganó Evelyn González. «Entonces, todo eso siempre se ha realizado en La Verbena, las Fiestas de la Primavera, los campeonatos, todo tiene una relación, porque más que hacer un negocio, nosotros éramos algo que aglutinaba a la gente alrededor de algo», finalizó.
Este campamento minero, que fue declarado Monumento Nacional en el año 2015, dejando una gran cantidad de recuerdos y experiencias inolvidables durante más de medio siglo y, a pesar de que hoy en día ese estilo de vida es difícil de entender, solo hace falta ir al campamento, visitar los lugares y escuchar las historias de los antiguos habitantes para comprender que el sentimiento de amor por Chuquicamata es totalmente verdadero y entrañable.












