Entre las más de diez mil fotografías que Héctor Mérida capturó durante los años de dictadura, los registros del 7 de diciembre de 1983 en Antofagasta ocupan un lugar único en su memoria. El periodista nacido en Calama recordó que aquella jornada representó una especie de primavera en medio del régimen, ya que por primera vez en una década banderas y consignas pudieron recorrer la ciudad. Bajo la mirada policial, pero sin impedir su desarrollo, la manifestación estuvo encabezada por el poeta Andrés Sabella, el exrector de la Universidad del Norte Gerardo Claps; el que luego sería alcalde de la comuna, Pedro Araya Ortiz y el posteriormente diputado Felipe Valenzuela.
“Sentía que era un deber importante hacer fotografías”, explicó Mérida, quien trajo parte de su histórico archivo para una presentación en diaporamas, actividad que se desarrolló ayer en el auditorio de la Universidad del Alba. La totalidad del material que exhibió es inédita e incluso agregó que prácticamente no hay información disponible sobre la marcha de diciembre del 83.
Héctor vivió en Calama hasta terminar la enseñanza media en 1974 y luego estudió periodismo en la Universidad del Norte (UCN), pero como corresponsal ejerció la profesión en todo el Norte Grande. “Los periodistas somos necesarios para contar lo que pasa y registrar la historia. Y el que elige esa profesión tiene que saber, al igual que otras profesiones, que tiene riesgos, sacrificios, pero hay que hacerlos”, manifestó Mérida sobre el rol de la prensa.
¿En qué consiste la exposición?
Traigo a Antofagasta la exhibición de dos diaporamas, es decir, fotografías mostradas a modo de video, que narran dos aspectos de las movilizaciones sociales que hubo en el Norte Grande, en Antofagasta y especialmente en Arica, las que fueron contra la dictadura y en defensa de los derechos humanos.
El diaporama mayor se refiere a la ciudad de Arica, donde ejercí durante la mayor parte de la dictadura. Y hay un capítulo aparte, el segundo diaporama, que se refiere a una actividad de movilización que hubo en Antofagasta, aparentemente, el 7 de diciembre de 1983, contra una modificación de ley minera en ese entonces. Ambos conjuntos de fotografías forman parte de una colección personal que hice durante los tiempos de dictadura en el Norte Grande. Tengo imágenes de Arica, Iquique, Pisagua, Chuquicamata, Calama, Tocopilla, Chañaral y Antofagasta.
En ese tiempo era corresponsal del Diario de Cooperativa y de revistas, no había diarios alternativos y me dediqué a tomar fotografías en película blanco y negro. Todo ese material, que son más de 10.000 fotografías, es prácticamente inédito. Hace algunos años logramos digitalizarlo y está resguardado en la Universidad de Tarapacá. Son imágenes exclusivas, porque en ese tiempo era muy difícil hacer ese tipo de fotos en terreno. He preparado proyectos para hacer libros, exposiciones y eso no es tan fácil de conseguir en Chile, en ningún gobierno.
¿Qué contienen las imágenes de Antofagasta?
Lo que traje es algo que aquí nunca se ha mostrado, la movilización del 7 de diciembre de 1983, cuando hubo marchas callejeras y un acto nocturno en la Plaza del Mercado. Allí aparecen el poeta Andrés Sabella; el exrector de la Universidad del Norte, Gerardo Claps; el que fuera alcalde de Antofagasta, Pedro Araya; el después diputado Felipe Valenzuela y otros personeros. Esas fotos, aparentemente, son las únicas que hay, por lo menos de tipo periodístico. He buscado y no encuentro material al respecto ni antecedentes de esa actividad y estamos preparando un libro sobre esa movilización.
Esto se mostró en el auditorio de la Universidad del Alba. Entiendo que en Antofagasta no se conoce este material ni el del Arica, donde lo hemos expuesto un par de veces.
Inicialmente la exposición fue anunciada en el Museo de Antofagasta. ¿Por qué cambió el lugar poco antes de la actividad?
Lo que pasa es que ayer (miércoles) en la tarde, a poquito más de 24 horas de realizarse la actividad, recibí un correo oficial del museo indicándome que había problemas y se me pedía que postergara esto para fin de mes. Se han aducido problemas domésticos, daños por lluvia y algunos de procedimiento. Pero bueno, esto en la práctica significaba cancelar la actividad y me ofrecieron varias alternativas donde mostrar el jueves mismo este material para no cambiar la fecha. Así que acepté el ofrecimiento de la Universidad del Alba, que puso el auditorio a disposición.
¿Cree que efectivamente fue por cuestiones domésticas, daños por la lluvia?
La comunicación oficial que recibí por correo electrónico, y después en una conversación con el director regional de Servicio Regional del Patrimonio, es que eran temas procedimentales y domésticos, como lo que mencioné, de daños por lluvia. Esa es la comunicación oficial hecha unas 24 horas antes del evento. También recibí una comunicación del director del museo en la que menciona unas cosas y el encargado de comunicaciones, me lo retransmite.
Ahora, soy periodista viejo, trabajé en dictadura y sé leer los mensajes, pero bueno, eso es lo oficial.
¿Cómo fue trabajar durante la dictadura? La cámara es un elemento visible que a veces captura lo que otras personas no quieren que se conozca.
Cuando presento las fotos y explico cómo y por qué se tomaron, digo que estas fotografías fueron hechas en las peores condiciones posibles. Primero porque no era fotógrafo, era periodista con algo de formación en fotografía. Luego en ese tiempo se usaban cámaras analógicas, con películas en blanco y negro que tenían muchísimas limitaciones. Tercero, las condiciones económicas de Chile y personales mías en ese tiempo eran muy malas. No cualquiera tenía una cámara profesional o semiprofesional y yo tenía una doméstica.
Y no eran actividades donde la gente posara o tuvieras la tranquilidad de llegar y fotografiar. Generalmente, uno andaba en contra del control que había, así que fue un trabajo difícil, bastante arriesgado, pero logré tomarlas y era necesario. Sentía que era un deber importante hacer fotografías. Y bueno después de todos los años, al ver esa colección de más de diez mil fotos, uno dice que valió la pena cualquier sacrificio que se hizo al respecto.
De esos diez mil archivos, ¿qué registros ve como los más especiales o que dejaron una marca en usted?
Las diez mil imágenes de movilizaciones sociales van desde junio de 1983, la primera protesta que hubo en Arica y que fue la segunda nacional, hasta el año 90. De ese grupo, la movilización del 7 de diciembre fue una movilización que se permitió en una especie de primavera de apertura que dio el régimen civil militar en ese tiempo. Fue la primera vez que el pueblo de Antofagasta salía y podía marchar en diez años, con la policía encima, pero sin impedir las manifestaciones. Eso fue histórico y muy emotivo también.
Luego tuve la oportunidad de estar en Pisagua, después de que fue cerrado el campo de prisioneros. En Chuquicamata hubo una marcha callejera con Rodolfo Segel, que encabezaba las protestas como dirigente de la Confederación de Trabajadores del Cobre. Y en Arica muchas manifestaciones, entre ellas, las mujeres de luto, que cada 11 de septiembre se paran en la Catedral de Arica desde el año 1983 y que fue una de las manifestaciones más grandes y que se hizo tradición. Cada 11 de septiembre estoy ahí.
¿Qué sensación dejó el trabajar en un periodo histórico “irrepetible”?
Ojalá fuera irrepetible, ojalá no tuviéramos una nueva dictadura o por lo menos no tuviéramos medidas o iniciativas de gobierno que tiendan a la dictadura o a la autocracia, pero me temo que eso uno no lo puede asegurar. Pero sí, la experiencia de ejercer en dictadura civil militar, porque ciertos civiles tenían el control del tema, fue algo muy intenso, por supuesto inolvidable. Sin embargo, son gajes del oficio, los periodistas estamos para todo eso.
¿Después del 90 llegó la alegría que se había prometido en las movilizaciones?
Los logros sociales, también los personales, y especialmente los logros políticos, son responsabilidad de cada uno. No estoy con los que dicen que llegó la alegría y que todo fue coser y cantar, pero tampoco estoy con los que dicen no, fue un fraude, no llegó la alegría, porque eso lo construye la gente. Hay que participar en política si queremos que la política esté bien, la gente tiene que ser responsable como ciudadanos de cuidar la democracia, de elegir bien, de fiscalizar a quienes eligen y estar dispuestos a ocupar tiempo propio para participar en política y para que las cosas anden bien. No creo que uno tenga que elegir representantes y desligarse de eso.
¿Cuál es el mensaje que quiere que los asistentes se lleven tras asistir a la proyección?
Que miren que esto sucedió, ahí están los testimonios y ocurrió por ciertas condiciones que marcaron a Chile y Antofagasta. Pero que también hubo gente que en ese tiempo fue muy valiente, que salió a la calle. En una foto está el poeta Andrés Sabella con un lienzo en la mano, desafiando a la policía. Gracias a esto tenemos un país, por lo menos en un sistema democrático y esto, quiero decirlo ahora, a propósito del nuevo período de gobierno, también se puede perder. El autoritarismo puede volver y creo que está volviendo. Y ante eso podemos hacer lo mismo que se hizo el 83 en Antofagasta, salir a las calles o manifestarse para exigir más democracia.
Muchas veces se critica al periodismo por estar en el lugar de los hechos tomando fotografías y grabando imágenes. ¿Cómo explica lo importante de registrar los hechos que ocurren en la sociedad?
Al igual que a otras profesiones u oficios, alguien tiene que hacer este trabajo. Es necesario, es imprescindible para la salud social y política que haya gente haciendo periodismo. Así como es necesario que tener médicos para las enfermedades, los periodistas somos necesarios para contar lo que pasa y registrar la historia. Y el que elige esa profesión tiene que saber, al igual que otras profesiones, que tiene riesgos, sacrificios, pero hay que hacerlos. Si alguien quiere ser periodista, no quiere correr riesgos, ni pasar penurias por registrar la historia que pasa frente a sus ojos, no sirve para esto.











