En este momento se escuchan voces que instan a la ejecución de desalojos de los ocupantes de campamentos. Se ofrece maquinaria y se muestra mucha disposición institucional.
El desalojo se inscribe una vez en una agenda de seguridad pública que comienza y termina por meter en el mismo saco a todos. La categorización y los estereotipos se hacen una norma no cuestionada.
En fin, no cuesta mucho inocular en la ciudadanía que los campamentos son el caldo de cultivo de la criminalidad organizada en base únicamente a pocos casos que han cobrado mediatica atención.
Para quienes conocemos la realidad de los asentamientos del Borde Cerro de Antofagasta, es difícil mantener el silencio y permitir que siga creciendo la estigmatización de personas honradas por el solo hecho de vivir en un determinado sector de la ciudad.
Cuando se asigna a una persona unas determinadas características por el solo hecho de pertenecer o formar parte de un grupo, se construyen estereotipos, que no son sino formas simplificadas del ver el mundo. El paso siguiente es la construcción y difusión de prejuicios en que la visión se transforma en actitud hostil y negativa, en base a generalizaciones derivadas de información imperfecta, incompleta o distorsionada.
Poco a poco es eso lo que han ido creando determinadas acciones institucionales que, aunque en principio legítimas, conducen a que, al momento de hablar de los asentamientos irregulares, se comience a usar y a propagar el término favelización de los campamentos. Huelga comentar la carga negativa con la que se emplea esta expresión.
La criminalización de la vida cotidiana de determinados sectores poblacionales, en muchos casos, va acompañada de una deshumanización o infravaloración de quienes son para estos efectos un objetivo político. Esto siempre ha sido así. La lógica que se impone es la siguiente: una forma negativa de concebir a los “otros” justifica, legal e incluso moralmente, las medidas o acciones que los afecten.
Caer en una espiral de atribuciones, estereotipos y prejuicios conduce siempre a malas conclusiones. En este terreno, las decisiones incorrectas y las acciones emprendidas a partir de ellas pueden generar no solo una intensificación de los prejuicios, sino una realidad caótica que las autoridades locales no podrán manejar.









